Justa literaria, certamen poético o sagrado influxo en la solemne…


JUSTA LITERARIA, CERTAMEN POETICO O SAGRADO INFLUXO EN LA SOLEMNE QUANTO DESEADA CANONIZACION DEL PASMO DE LA CARIDAD, EL GLORIOSO PATRIARCA Y PADRE DE LOS POBRES SAN JUAN DE DIOS, FUNDADOR DE LA RELIGION DE LA HOSPITALIDAD. CELEBROSE EN EL CLAUSTRO DEL CONVENTO HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DEL AMOR DE DIOS Y VENERABLE PADRE ANTON MARTIN DE ESTA CORTE, EL DOMINGO DIEZ DE JUNIO DEL AÑO DE MIL SEISCIENTOS Y NOVENTA Y UNO. DEDICADA AL RMO. P. FR. FRANCISCO DE S. ANTONIO […] Y LA DESCRIVE DON ANTONIO DE SARABIA, SECRETARIO QUE FUE DE DICHO CERTAMEN. CON LICENCIA. EN MADRID: EN LA IMPRENTA DE BERNARDO DE VILLA-DIEGO, 1692.

Assunto quarto

De Doña Silvia Monteser. Soneto

¡Qué buriles! ¡qué plumas! ¡qué pinceles!
¿en láminas, en rasgos, en colores,
de dos virtudes, ínclitos honores
decir podrán, aunque se muestren fieles?
Consigue una, en las ansias más crueles,
ser de María consuelo en sus dolores:
merece otra en los últimos ardores,
Fortuna, que eterniza sus laureles.
De esta, y aquella dicha las vitorias,
semejante una, y otra las veneró.
Ambas gozando eternos los pensiles.
¿Qué mucho, pues, a vista de estas glorias,
No basten, no, según las considero,
Ni plumas, ni pinceles, ni buriles?

(p. 103)

De Doña Maria Colodro. Soneto

Por rendido, por firme, y por amante,
Juan el Evangelista es quien merece
asistir a María, quando ofrece
Christo la vida, en el dolor constante.
Mas Juan de Dios pasó tan adelante,
y en sus virtudes tanto resplandece,
que no solo al apóstol se parece,
sino, que a Christo se haze semejante.
En su muerte se vio un vivo traslado
de Christo, pues le fue tan parecido.
que mereció assistiessen a su lado
la madre y el discípulo querido;
que como fue en virtud tan elevado
preeminencias del hijo ha conseguido

(p. 105)

De Doña Teresa de Mesia. Soneto

Al tránsito de Christo fue María,
de Juan Evangelista acompañada;
y esta asistencia logra continuada
San Juan de Dios en su última agonía.
De tal excelso, y tal soberanía,
la causa la conozco equivocada;
pues así, del dolor fue combocada;
y aquí fue del afecto simpatía.
Siente María, viendo su hijo amado,
en el amargo trance de la muerte;
y en este, a Juan conforta desmayado.
Mas, en esta asistencia, si se advierte,
a Juan el sudor limpia, que obligado,
el llanto suda, que por gozo vierte.

(p. 109)

Assunto quinto

De Doña Petronila de Valcazar, abadesa dos vezes del convento de la Concepción de Valladolid. Romance

Para bolar a la altura
de tan elevada idea,
quedó cortada la pluma,
no delgada, ni suspensa.
Admiración de buen aire,
o disculpable cautela,
el hazer cortesanía
de lo que es insuficiencia.
Perdone la digresión
la política discreta;
por debido rendimiento
de los juezes que venera.
Mas, su al ver rayos de el sol,
toda humana vista ciega.
Y las luzes de san Juan
de Dios, fe ve la grandeza.
Diga la pluma, sin riesgo,
pues la que menos pondera,
por culto ofrece el deseo,
si la obra es imperfecta.
De este apostólico assombro,
pues que siguiendo sus huellas.
Si no excede en todo imita;
si no passa, no se queda.
Estando en la cruz Felipe,
(admirable recompensa!)
Por indignación del cielo,
abrió sus bocas la tierra.
Quando colérico el aire,
escandaliça la esfera,
y en bramidos insinúa,
la ira de Dios se tema.
Y en horrorosos avisos,
y en confusiones funestas,
todo valor se desmaya,
y todo edificio tiembla.
Pedir a Dios les perdone,
imitando su clemencia;
generosa obligación
fue de las ansias postreras.
Pero más fue, a San Juan,
en el carrillo le yeran;
y estando vivo al desaire,
tenga la pasión tan muerta.
Perdonar en todo tiempo,
aunque es una cosa mesma,
y siempre heroica virtud.
Mas con esta diferencia.
el que muriendo perdona,
de una vez se desempeña:
Y el que vive, haze, sin duda,
del sentimiento tarea.
Si a los ojos falta luz,
y al oído inteligencia,
lo que no es visto, ni oído,
no es posible, que se sienta.
Y el perdonar en la vida,
tan al punto, es obra nueva,
que del perdonar en cruz
estaba la oración hecha.
Jugó de mano la embidia,
y de castigar la afrenta,
alço la suya San Juan,
que sufrir, es la derecha.
al fin, por la bofetada.
Ni se turba, ni se inquieta,
que San Juan de Dios tenía
de antemano la paciencia.
Y entre el duelo, y el dolor,
que uno aflige el otro altera,
quedó mejor, quanto va
del desprecio a la violencia.
Vanidad del delinquente,
pues aunque fue hazaña fea,
dio con un puño en el cielo
de aquella mexilla honesta.
De donde a San Juan resulta,
de su verdad la excelencia:
Porque no ay cosa tan mala,
que no tenga alguna buena.
Si en el martirio el apóstol
muere, de que le atormentan
en el trabajo del mundo
muere Juan, porque le ofendan.
Pedir a Dios, es consuelo:
Rogar a los hombres, pena;
y en estas dos peticiones,
nos es muy igual la fineza.
del remitir las injurias,
ya se ha visto la modestia:
Mas lo de curar a todos,
solo en Dios, y en Juan se muestra.
Y así, al patriarca santo,
nuevos aplausos le cedan.
y su amable religión
se coloque a las estrellas.

(pp. 127-129)

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