Fama pósthuma a la vida y muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio (1636)


FAMA PÓSTHUMA A LA VIDA Y MUERTE DEL DOCTOR FREY LOPE FELIX DE VEGA CARPIO. Y ELOGIOS PANEGÍRICOS A  LA INMORTALIDAD DE SU NOMBRE ESCRITOS POR LOS MÁS ESCLARECIDOS INGENIOS. SOLICITADOS POR EL DOCTOR IUAN PÉREZ DE MONTALVÁN QUE AL EXCELENTÍSSIMO SEÑOR DUQUE DE SESSA, HEROICO, MAGNÍFICO Y SOBERANO MECENAS DEL QUE YAZE OFRECE, SACRIFICA Y CONSAGRA, MADRID: IMPRENTA DEL REYNO, 1636.

En la muerte del Fénix de España, frey Lope Félix de Vega Carpio. De la señora doña Bernarda Ferreyra de la Cerda

Entre dos altos riscos del Parnaso
triste valle sombrío
yaze que del ocaso
bebe la densa niebla y aire frío
con que en la verde grama
lágrimas de los árboles derrama.

De sombras de Atys lóbrego se viste
y de abetos y enzinas
con que a Febo resiste
toldado de doseles y cortinas
que espesos le dan luto
y a la tristeza pródigo tributo.

De Murta y amaranto juntamente
se calça el valle obscuro
que con pálida frente
bordan retamas entre altivo muro
del árbol donde quiso
eterniçar su pena Cipariso.

Allí un arroyo que de excelsa parte
murmurando se arroja
cristales no reparte
mas de lágrimas turbias los pies moja
de algunas açucenas
espadañas, violetas y verbenas.

Por el bosque de alados solitarios
suenan tristes gemidos
los del día contrarios
en las cavernas gimen escondidos,
tórtolas y cornejas
también al aire dan de ausencia quejas.

Allí no de laurel ya coronadas,
mas de ciprés funesto
sus frentes asombradas,
las musas, el cabello descompuesto,
cambian en triste llanto
la suave armonía de su canto.

Mientras la Fama con horrible trompa
a lágrimas convida,
con lamentable pompa
la muerte llora del que fue su vida,
por quien triunfante España
de inmortales trofeos se acompaña,

por quien mayor España ya se precia
de dar invidia a Italia,
de dar espanto a Grecia,
nueva virtud al agua de Castalia,
pues mejorando edades
en más dulce licor brota deidades.

Calíope, rendida a la tristeza
que el corazón le oprime
así a mostrarla empieza
por más que en vano a resistir se animem
que el más heroico pecho
para batalla tanta es campo estrecho.

“Pensé con el valor, con el espanto
disimular la pena
-por no anegar con llanto-
a que el canoro cisne me condena,
mas ¡oh, cuán vano intento!
que es mayor que el esfuerzo el sentimiento.

Ya no resuena aquella voz divina
por quien mi imperio altivo
no receló ruina;
perdí de mis aplausos el motivo,
voló la heroica pluma
donde ningún mortal llegar presuma.

Los héroes que felices alcanzaron
ser su asumpto divino
tan altos se encumbraron
que a sus nombres lugar da cristalino
sobre lágrimas bellas
el firmamento, las letras, las estrellas”.

¡-Ay, gloria, ay sol, ay vida del Parnaso
-dize en vos triste Clío-,
que en el eterno ocaso
te ocultas por tu bien y daño mío!
Seguirte solo quiero
que si por tu viví, ya por ti muero.

A tanta luz, tanta deidad, la muerte
¿cómo atreverse pudo?
¿cadáver llegó a verte?
Muerto te miro y de tu muerte dudo;
oh, divino milagro
a ti mi lira trágica consagro.

Tierra te veo al fin, mortal te lloro,
que todo en muerte para,
mas inmortal te adoro
sobre las alas de tu pompa clara.
donde rompiendo nubes
a ser de los Elíseos Vega subes.

Si de tu claro ingenio las hazañas
te eximen del olvido,
si ilustremente engañas
de ma muerte el imperio obedecido,
viva yo con la gloria,
que inmutable he de ser a tu memoria”.

“Oh, Vega deleitosa –Erato dice-,
en cuyas bellas flores
deseos satisfice,
empleo singular de mis amores,
contigo va mi vida,
pues me aparta del alma tu partida.

Ya no tiene el amor de quien presuma
que en digna voz le cante
y con divina pluma
sus triunfos magníficos levante;
perdió el amor sus galas,
pierda también los bríos y las alas.

Piérdanse mis donaires y alabanzas,
pues tu son dulce pierdo,
que con firmes mudanzas
furiosa mostraré que amor es cuerdo,
cuando se sacrifica
a deidad que, adorada, glorifica”.

Entre tanto, el dolor la voz atada,
Talía, sin aliento,
por tierra desmayada,
los sentidos rendía al sentimiento
mortal y lastimosa
la que el aplauso respetaba, diosa.

Eclipsadas mostró las luces bellas
y fijas en el suelo
las cándidas estrellas,
un tiempo emulación de las del cielo,
que el dolor, cuando fuerte,
la potestad usurpa de la muerte.

Vuelta en sí de sí misma, le parece
que esa ausencia la ausenta,
como la pena crece,
como amante la causa representa,
hechos fuentes los ojos,
que en perlas rinden al dolor despojos.

“Al mar de mis dolores, ojos míos,
pagad triste tributo
en abundantes ríos
sean negras tinieblas vuestro luto,
que en noche eterna quiero
que viváis, pues perdéis vuestro lucero.

Partióse tristes ojos, vuestra gloria
desta vida inconstante,
dándole por vitoria
el premio que la fama da al triunfante
¿Cómo no le acompaño?
¿Mas quien llora el provecho sino el daño?

Partióse aquel espíritu excelente
que, suave y facuno,
con el ingenio eminente
al cielo enamoraba, honraba al mundo,
aquel que, peregrino,
en hombre disfrazó su ser divino.

¡Qué singular le vi, qué soberano
tejer varias ficciones
y con hábito humano
verter, sembrar divinas perfecciones
en coloquios floridos,
lisonjera prisión de los sentidos!

¡Cuántas veces la fama a varios climas,
ayudando mi intento,
llevó cómicas rimas
de las que me dictó su entendimiento,
con que rica y ufana
créditos adquirí de más que humana!

Ya por su plumam cultos y famosos,
Parnaso y Helicona
serán siempre frondosos,
que eterno su laurel que los corona
a verdor los reduce
con las iluestres plantas que produce”.

“Mi nombre, oh claroFéliz, por tu canto
-decía Melpómene-
a los astros levanto,
y piélagos las aguas de Hipocrene
en suavidad anegan
los que a tus versos la intención entregan.

Las tragedias por ti fueron felices,
y renovado el arte
con lustrosos matices,
que tu sublime ingenio le reparte
retóricos colores,
flor de la discreción, miel de las flores.

Por ti rica me vi, sin ti me veo
de todo gusto pobre
y aunque no te poseo
ni puede ser posible que te cobre,
tú por el bien que cobras
eterno vivirás, yo por tus obras”.

Terpsícore con tristes movimientos
publica su congoja,
y de los instrumentos
de que ha sido inventora se despoja
y con furia los quiebra
y así la causa del dolor celebra.

“Cuando al son de tu lira peregrina
alegre yo cantaba
y aplausos de divina
con su divinidad solicitaba,
cuantos mi voz oyeron
por ser la lira tuya me siguieron.

Los montes, los troncos ablandando
gocé de altos trofeos,
las almas elevando
con millares de músicos Orfeos,
que para ti no es mucho
si en cada verso tuyo a Apolo escucho.

Detuve de los ríos y las fuentes
con números suaves
las rápidas corrientes,
y dejaron su música las aves,
náufragas de la mía
en los piélagos dulces de la harmonía.

Mas ¡ay de mí! que desdichada lloro
lo que canté dichosa,
que como en su tesoro
tan solo en ti mi corazón reposa
y de sí mismo dista
lo que distante queda de tu vista.

Euterpe, a cuyo son dio la espesura
y el monte dulces ecos
y llevaron verdura
los campos más estériles y secos,
entonces sus avenas
vuelve en suspiros y su gozo en penas:

“De mis voces, espíritu suave
que con divino acento
porque el mundo me alabe
diste valor al rústico instrumento
-dijo- y al campo y flores
oloroso verdor, verdes olores.

Si por ti solo he sido deleitable
a cuantos me escucharon
después, Vega admirable,
que las hijas bellísimas tocaron
mis cálamos agrestes
de flores tuyas que admiré celestes,

Sin ti, ¿cómo podrán mis versos rudos
ser cultos y aplaudidos?
Los instrumentos mudos
¿de qué me sirven más que de gemido,
pues no has tú de animallos?
Quiero ya por inútiles dejallos.

Estas quejas Polimnia le interrompe
con prolijos suspiros
con que los aires rompe
y del cielo penetra los zafiros,
porque alivio recibe
de que ellos mueran donde Lope vive:

“Ay –dice– quién perdiera, pues te pierdo
la memoria o la vida!,
que si siempre me acuerdo
de lo pasado, nada se me olvida,
quedo en eternas penas,
pues a memoria y vida me condenas.

Le memoria feliz con que resisto
del tiempo a los efectos
en ti solo se ha visto,
cuando, siendo infinitos los objectos
que ocuparla solían
todos en ella fáciles cabían.

¿Qué ciencia tuvo el mundo que no fuese
de tu memoria empleo,
que no correspondiese
a la ilustre ambición de tu deseo?
De ciencia, no de fama,
que al cielo no la voz, la virtud llama.

Mas si en las manos de la muerte dura
despojo te entregaste,
en la vida segura,
que justo y penitente conquistaste
y es de tus obras palma,
te aconpañan los hábitos de alma”.

De Lope Urania tácita contempla
la venturosa suerte,
y la tristeza templa
de la memoria amarga de su muerte
con la dulce memoria
de verlo en la tanta fama, en tanta gloria.

En vez de llanto, en música divina
estas breves razones
suave le encamina
y vence poderosa las pasiones
viendo que ya no es hombre,
porque a la humanidad excede el nombre:

“Ya nuevo Féniz, ya mortal divino,
con venturoso vuelo
lugar alcanzas digno
entre las luces del empíreo cielo,
y las esferas huellas
sobre campos de sol, flores de estrellas.

Águila, sus secretos penetraste
y de sus influencias
las causas alcanzaste
sin admitir humanas comnpetencias,
que de ciencias abismo,
ninguno te igualó sino tú mismo.

Veo que a tu suavísimo instrumento
alto lugar concede
el claro firmamento,
que en hermosura y resplandor excede
a la argentada vía
que has de medir con el autor el día.

Tu pluma que admiré, zenit de España,
ahora con más gloria
como mayor hazaña
el templo coronó de la memoria,
donde, bien que invidiada,
vivirá de la invidia respetada.

Goza celeste amante venturoso
del bien que es sin mudanza,
de tus obras lograda la esperanza,
con posesión felice,
y tu sonora voz la solemnice”.

Así la musa celestial decía,
mientras de sus hermanas
los llantos repetía
la ninfa que, infeliz, en sombras vanas,
de palabras ajenas
mudó su ser, pagando justas penas.

No pasan con sus quejas delante
porque las enmudece
la falta de su amante,
que de aquel monte célebre enternece
hasta las duras peñas
y de su mal abriendose dan señas.

Lágrimas tristes la Castalia vierte,
y de Hipocrene en tanto
con dolor se convierte
el precioso licor también en llanto.
Paran mudas las aves
donde alternaban músicas suaves.

Helicona, Parnaso, Musas, fuentes,
hierbas, árboles, flores,
que riegan sus corrientes
todo publica penas y dolores.
Su sentimiento España
con amorosas quejas acompaña.

(ff. 42r-46v)

De la señora soror Violante del Cielo, monja en el convento de la Rosa en Lisboa, conocida por sus obras. A la muerte del fénix de España Lope de Vega Carpio.

Si crédito, si gloria
no conseguiste, oh, Musa, con el canto
de Lope, la memoria
tu crédito assegure con el llanto,
que quando por tal fin se llora y pena
crédito el llanto da, gloria la pena.

Aquel divino Apolo,
aquella admiración de las edades,
aquel fénix que solo
murió por renacer a eternidades
en la divina esfera introduzido
se ostenta vencedor, quando vencido.

Pensó con vano intento
mostrar en acto audaz la Parca impía
deste raro portento
mentida la deydad que el mundo vía
que su divino ser hizo más cierto
el quedar inmortal después de muerto.

La división que advierte
el pesar en tu ser, oh, fénix raro,
traslación fue, no muerte
que a ser del esplendor aumento claro
passaste de lo humano a lo divino
dando a digno valor lugar más digno.

Perdió con tu partida
Helicona el valor, Parnaso el brío,
que si solo tu vida
sustenta el honor de Euterpe y Clío
agora que entre luzes te acomodas
huérfanas llorarán las musas todas.

Perdió su sol el suelo,
su crédito el saber, su espanto el mundo,
el genio su modelo,
su exemplo lo suave y lo fecundo,
la fama sus assumptos en tus glorias
España en sus escritos sus vitorias.

Todo en fin ha perdido
tú solo entre delicias colocado
tan diferente has sido
que con lo que has perdido te has ganado
pues ya por tu virtud, ya por tus obras
si una vida perdiste inmensas cobras.

Oh, logra eternamente
esse abismo de glorias infinitas,
esse tu digno oriente,
oh, fénix, que muriendo resucitas,
que quien tantas deidades incluía
solo tan digno assiento merecía.

Y tú, famosa España,
cuyo raro valor, cuya grandeza
tan justo llanto baña,
alegría introduze en tu tristeza
que si el perdido bien fue gloria tuya,
astro será que erudición te influya.

(ff. 54r-v)

Al sepulcro de frey Lope de Vega Carpio. De la señora doña Iusepa Luisa de Chaves. Epitaphio acróstico.

Feliz en culto, en nombre escarecido,
Raro assumpto a las lenguas de las fama,
Es quien depuesta ya la docta rama,
Ilustra esta inscripción de luz ceñido.

La embidia yaze aquí, yaze el olvido
Opuestos al aplauso que le aclama.
Pues ellos faltan quando en él nos llama
El heroyco exemplar de lo que ha sido.

Digno varón, capaz del alta gloria,
En que él a sí mismo se consulta
Vitorioso del tiempo y de la muerte.

En quien mayor se empeña la memoria
Grande en la imitación que dél resulta
Aun al que atento más su exemplo advierte.

(f. 93r)

A la muerte de Lope de Vega, aludiendo a un eclipse de luna que huvo la noche que murió. De la señora doña Iacinta Baca. Soneto.

Llegó ya a las montañas de Apenino
llegó a la Libia ardiente y scitia helada
la fama por justicia acreditada
deste varón de tanto laurel digno.

Y assí del más remoto al más vezino
con himnos de dolor será llorada
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche que dio término a su vida
mostraron sus lumbreras sentimiento.

Y con afecto triste y amoroso
quando Delio llegó a su luz cumplida
le formó en sombras sacro monumento.

(f. 96r)

A la posteridad de frey Lope Félix de Vega Carpio del Hávito de san Iuan. De la señora doña Bitris de Gevora. Soneto.

Arda en tu grande sepulcral hoguera
la embidia aromas, bálsamos el zelo
y en alto heroyco incomparable duelo
la emulación te llore lisonjera.

En esta breve racional carrera,
oh, sol de Europa, rápido tu buelo
se anocheció en mortal lóbrego velo
por alumbrarte ya en mejor esfera.

Si mortal, dos Españas influidas,
si caduca, tres orbes ilustrados,
dexó tu pluma en obras repetidas.

Oy de inmortales rayos coronados
tus méritos infundan nuevas vidas
que dexen nuestros genios enseñados.

(f. 114v)

Al segundo Virgilio y Homero español, el doctor frey Lope Félix de Vega Carpio. De la señora doña María de Cayas (sic) Soto Mayor. Epigrama.

Si mi llanto a mi pluma no estorvara,
oh, fénix de la patria, o nuevo Apolo,
de mi lira te hiziera un mausoleo
que tu inmortalidad aposentara.

Mejor que yo ninguno te alabara,
que como tú del uno al otro polo
el único naciste, el sol y el solo,
solo mi amor por solo te igualara.

Mas como cantaré cuando te lloro
sin esperança de ningún consuelo
o ya ternura sea o sea decoro.

Pues pierden oy porque te gane el cielo
Mantua su prenda, España su tesoro
su Dios las Musas y su vega el suelo.

(f. 117r)

Sur le tombeau de messieur Lopeau du Vega Carpio. Pour Madame Argenis. Epitaphe francois.

Oh, que un grand reliquaire est clos en peu d’e espacer
viateur prens y garde en ce lieu si serré
avec un seul Lopeau tu peux voir enterré
Phebus, Amour, Mercure et la plus chere Grace.

J’ e avois creu jusqué ici que la celeste race
se exemptoit du passage auz mortels preparé,
mais je voi par safin le contraire averé,
voyant mourir en lui tout le coeur de ** Parnasse.

Jamais plus rare esprit dun corps ne fut vestu,
ce ne estoit que douceur, que savoir, que vertu,
dont mainte grand lumiere en terre estoit randue,

Maintenant de un cercueil tous ces biens son enclos,
non je faux, le tombeau, ne en serré que les os,
et par tout le univers sa gloire est espandue.

(f. 132r)

In la morte e sepoltura di monsgnor fra Lope di Vega Carpio. De Madona Fenice. Inscricione Italica.

Tutti lumi celesti in solo il lume
del sole epilogò natura èstrinse
emolti fiori a solo il fior ristrinse
de una legiaddra rosa oltre il costume.

In un sol mare i mari; e ogni aqua è fiume,
allhorché Dio creolli, unilli e cinse,
e fu chi in picciol vetro il ciel constrinse,
come il mondo in un huom l’ eterno nume.

Tal di Lope le sçience, i metri e le opre:
quante scrittore alcun sparse in carte,
in un breve sepolchro al orbe scopre.

Sole che muori, rosa che si parte,
mare che se une, cielo que* si copre,
mondo che un molti mondi si riparte.

(f. 132v)

Na campa de frey Lope felix de Vega Carpio. Da senhora Elisa. Letreiro Lusitano.

Este he por quem Apollo mudecia
e docto o sacro monte hoje florece
este he por quem o lauro verde crece
por coroar seu canto e melodia.

Quanto o claro sol vé no eterno día
con magoas e saudades se entristece,
languida a morte os olhos humedece
das nimphas que o dourado tejo cría.

Morreo, o filho de Eutherpe esclarecido,
chorem as nove irmans, que ja acabão
su arte, perfeição e fermosura.

Faltou o Fenix a seu doce nido,
nan seu gridos tão altos que passarão
ainda muito máis da sepultura.

(f. 135r)

En la muerte del fénix de España frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de S. Iuan. De la señora doña Bernarda Ferreyra de la Cerda. Soneto.

Quando admirable al mundo enriqueciste
con dulce canto, Apolo soberano,
mientras el tiempo te mentía humano
acciones de divino al tiempo diste.

Oy que tu ausencia España llora triste
muestras, fénix, que de Átropos la mano
contra tanta deidad se opuso en vano.
pues felice muriendo renaciste.

De la muerte alcançando assí vitoria
a tus obras assombro del olvido
supremo altar consagra la memoria.

Tú ya a los mismos astros preferido
entre mares de luz golfos de gloria
eres eterno sol, si Apolo has sido.

(f. 137v)

Al insigne frey Lope Félix de Vega Carpio, más dichoso en muerte que en vida. De la señora Peregrina. Epigrama.

Ya el fénix español canoro espira
de su primera patria peregrino
y obediente a la orden del destino
yaze en el hueco de una estrecha pira.

Ya destemplada está su docta lira
que a renombre inmortal le abrió camino
o inviolable poder de lo divino
que muera quien por raro al orbe admira.

Mas si calumnia tanta le ha ofendido
y con morir se libra de embidiado
lisonja, no rigor, su muerte ha sido.

Y assí pues que de todo ha mejorado
más que aplaudirle entonces perseguido,
devo cantarle agora descansado.

(f. 150v)

A la pira del doctro frey Lopez Félix de Vega Carpio. De la señora doña Antonia Garay. Epitafio.

El que me anima siendo losa fría
y me esclarece siendo monumento
es Lope, aquel rarísimo portento
que como el sol bañó la luz del día.

Su nombre incorruptible le ponía
límites al oído más atento
que no fue menos su inmortal acento
con que la eternidad se prevenía.

No pudo, no, el imperio del olvido
deshojar el laurel que le venera
siendo de Lope eterna la memoria.

Que no averse ya Dafne convertido
oy por el sol que la faltó, lo hiziera
por coronar con su laurel la gloria.

(f. 160r)

Al sepulcro del fénix de España, Lope de Vega Carpio. Por Madama Lisida. Dirigido al Excelentíssimo señor duque de Sessa, amparo de los ingenios. Soneto.

Suspende, caminante, si reprime
pasos mortal dolor o si violento
negares el decoro al sentimiento
harás que el mármol su dureza anime.

De un muerto fénix la ceniza oprime
este que ves sagrado monumento
por cuya muerte en lastimoso acento
funesto el orbe su trajedia xime.

Aquí a la muerte triunfos acredita
el Apolo español, cuyo trofeo
eterniçado en lloro se convierte.

Esparce quexas y ansias solicita
mientras su fama en breve mausoleo
vive eterna sin miedo a la muerte.

(f. 164v)

A la muerte de Lope de Vega, príncipe de los poetas y fénix de España. De doña Costança Margarita Fontana, monja en el convento de San Leandro de Sevilla. Soneto.

No ha muerto, porque Lope ha renacido
si en ser el fénix nuestro bien se advierte
sus previlegios pues rompa la muerte
más deudora a su tumba que a su nido.

Suene la trompa en eco repetido
gemidora de pérdida tan fuerte
lo caduco lamente nuestra suerte
y su pluma sea espada del olvido.

Hazañas tantas solo él mismo escriva
cante Apolo de rayos coronado
su dulce estilo y discurrir suave.

Pues fue copiosa fuente de agua viva
y la injuria del tiempo le ha postrado
que en urna breve mucho fénix cave.

(f. 183v)

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