Descripción de la Capilla de Nª Sª del Sagrario que erigió en la Sta. Iglesia de Toledo…


Descripción de la Capilla de Nª Sª del Sagrario que erigió en la Sta. Iglesia de Toledo el Illmo. Sor. Cardenal D. Bernardo de Sandoval y Rojas (1617)

Herrera, Pedro de. Descripción de la Capilla de Nª Sª del sagrario, que erigió en la Sta. Iglesia de Toledo el Illmo. Sor. Cardenal D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Arçobispo de Toledo, Primado de las Españas… Y Relación de la antigüedad de la Sta. Imagen: con las fiestas de su traslación, Madrid: Luis Sánchez, 1617.

Tema 1º : canción real de no más de 6 estancias

De doña Christovalina Fernández de Alarcón

Con círculos de luz los aires vanos,
bordando dexa el trono en que reside,
el que lo icomprehensible comprehende
uno de los más bellos cortesanos,
que con el iris de sus alas mide
quanto el amor divino en fuego enciende,
y el blando buelo estiende
a la ciudad sagrada venturosa,
por tan altos misterios prodigiosa,
y el sitio sacrosanto reverencia,
que santificó Dios con su presencia:
cifrando su grandeza en un bocado,
y donde en rubea llama,
que blanda fortifica, y dulce inflama,
boxó el divino espíritu embiado
del Padre eterno, a quien el cielo inmenso
en aras de Zafir ofrece incienso,
Aquí pues Gabriel, Nuncio divino,
por inefables modos inspirado,
a la reyna del cielo se presenta,
y a la sacra embaxada abrió camino,
de que el punto dichoso era llegado,
y de los hados la infalible cuenta,
en que el Dios sustenta
la eternidad, en su profundo pecho
ordena, que la unión y el laço estrecho
del alma y cuerpo la guadaña rompa,
para que triunfe con excelsa pompa,
premio devido a la virtud inmensa
que aunque es libre, por quanto
no cayó mancha en su purpúreo manto
del pecho impuesto por la antigua ofensa,
ha de seguir de Christo el trance fuerte,
pues él murió para vencer la muerte.
Oyó la nueva alegre tanto al justo,
quanto terrible al alma descuidada
la Virgen pura, y al autor del cielo
las gracias rinde, y con terneza y gusto
en breve se dispone a la jornada,
ansiosa por ver roto el mortal velo:
luego del ancho suelo,
donde en varias regiones divididos
estavan, en un punto conduzidos
fueron lo héroes de la iglesia santa:
qual con dulces memorias himnos canta,
qual baña en llanto el rostro venerable,
y ante la Virgen bella,
que rayos del sol viste, y luna huella,
ciertos de su partida inevitable,
la bendición recibiera de su mano,
reparadora del linage humano.
No se atrevió el dolor ni el accidente
acometió con fuerças desiguales,
mas en suave paz triunfó la muerte;
y qual suelen del sol resplandeciente
desparecer los rayos celestiales,
quando la opuesta nube los divierte;
o qual la segura suerte
por mano inadvertida, o embidiosa,
dexa cortada matutina rosa,
assí a los soles de sus claros ojos
salió la luz, y resplandores rojos;
mas luego como ilustre vencedora,
de entre la tumba fría,
prestando luz y resplandor al día
salió más bella que la bella aurora,
unida al alma para el cuerpo puro,
que fue del mismo Dios custodia y muro.
El sagrado Sion baxó su cumbre,
vertió Amaltea su abundante copia,
y los cielos corrieron la cortina,
y una no vista luz inaccesible
(a la naturaleza humana impropia)
se vio al monte y al valle convezina:
y entre esta luz divina
esquadrones de espíritus alados,
que a las plantas bellísimas postrados,
en triunfo excelso saben por el viento
a la reyna inmortal del firmamento,
cantando su vitoria, triunfo y gala
en una y otra lira,
que al cielo alegra, y a la tierra admira:
el aire puro, olor de gloria exhala,
que roba quando ondea licenciosom
el áureo manto, más que el sol hermoso.
De rojas plumas con perfiles de oro
de quien las piedras del rosado oriente
y el verde abril embidian los colores,
ligeras aves del supremo coro,
que se están abraçando dulcemente
en los vivor eternos resplandores,
coronadas de flores,
arman por el camino arcos triunfales,
por donde pasa y llega a los umbrales
de la Jerusalén triunfante y rica.
Todo el resto del cielo el passo aplica
a verla, y de María aclama el nombre;
en cuya hermosura
la carne veen inmaculada y pura,
que hizo hombre a Dios y Dios al hombre:
llega al solio real, donde de estrellas
sus sienes ciñen, cándidas y bellas.
Canción si corres sola,
por mar incierto sin piloto o guía,
donde una y otra ola,
tu humilde barco envistan a porfía,
pon en Dios tu esperança,
que la humildad aun lo imposible alcança.

(ff. 10v-12v)

Doña Catalina Gudiel de Peralta

Calíope las aguas cristalinas
de tu Parnaso dexa por un rato
y vente con tus alas a mi cielo,
Verás de un nuevo sol, fino retrato,
idea natural, luzes divinas,
a cuyo resplandor se corre el velo.
Apresura a tu buelo,
que no te faltará licor suave,
que refresque tu pecho caluroso;
porque este sol hermoso,
que de la luz divina tiene llave,
fue la pequeña fuente,
que tuvo su principio entre cristales
berves, puros y bellos
pero creció con passos desiguales,
y al fin de su creciente
fue río en cristales, y con ellos
de Christo se hizo imagen transparente;
y como Christo es sol de cielo y tierra,
María es sol, pues dentro en sí le encierra.
Sol, cuyo resplandor inaccesible
sin mengua estuvo entre cristal cubierto,
sin conocerle el mundo a quien alumbra,
aunque agua son cristales, encubierto
estuvo el respalndor, que no es posible
ver toda su hermosura, si deslumbra,
y menos si se encumbra,
cristales son bien claros, mas no tales,
que tanta luz reciban, como él tiene.
Mas ya el osaco viene,
y mi sol de María a los umbrales
está del occidente:
¡oh, mar terribe!, ¡ay, muerte que se atreva
a eclipsarle la vida!
Pero como la luz cubierta lleva,
y nunca vio su oriente,
no vee que en eclipsarla es atrevida;
y aun por esso con Christo fue insolente,
que si el rostro a los dos acaso viera,
a dar tal golpe nunca se atreviera.
Por andar de encarnado el sol se puso,
pagando a la mortal naturaleza
la deuda, que obligó la ley divina.
Hizo noche la nube de trsiteza,
y en lágrimas resuelta se le opuso
al arco, que estas flechas encamina.
Pero ya peregrina
el alba deste sol resucitado
sale, y viste los ojos de alegría.
Dize, que en este día
ha de triunfar el sol, y coronado
con mil madejas de oro,
ha de llevar carbunclos y diamantes
en rica vestidura,
que el cuerpo tanto más hermoso que antes
para imperial decoro
vestirá, con que crezca su hermosura.
Ya sale bello el sol a quien adoro,
y para el triunfo al cuerpo da la palma
de ilustre compañía de su alma.
Y la beldad luziente, oh, sol hermoso,
pasmó del curso de la ardiente esfera,
assombro de su luz resplandeciente,
quanto empieça su alegre primavera
en signo ilustre del bellón precioso
el agnus bello, a su collar pendiente.
Para el triunfo eminente
la zona de zafiros tiene a punto,
que el alto cielo toma por assiento
al terrestre elemento
trabajando sus orbes en un punto.
Al suelo, Dios desciende
tal vez, y el cielo al punto se haze escala:
házese caminante,
y al cielo con el suelo más le iguala:
oy que su madre asciende
baxa a llevarla Dios, y va delante
al cielo, y hast el claro empíreo tiende
desde el orbe un zodíaco de estrellas,
para que el sol triunfante pise en ellas.
Baxa el eterno sol, y dexa hecha
la escala celestial, para que pase
mi sol segundo por lugar sublime.
Ya temo que la pluma se me abrase
y quede al rayo deste sol desheca,
quando su ardor su fuerça assí la imprime:
mas su licor la anime,
pues, quando como sol haze su rueda,
copiosas lluvias de licor divino
embía al peregrino,
que abrasado de amor con verla queda,
palma adelante passa,
y escrive la riqueza y bizarría
de alados esuqdrones,
que ostentando en sus manos pedrería,
en la campaña rasa
del triunfo tremolan los pendones,
La música del cielo nada escasa
que cuenta glorias e mi sol segundo,
segundo resplandor de cielo y mundo.
El carro ya triunfal amor compone,
la unión de preciossísimos metales
es el oro, su símbolo y figura.
Va tachonado de carbunclos reales,
y cada qual embidia a Febo pone,
porque dellos su luz aun no es pintura,
Del marfil la blancura,
el ampo de la nieve, el nácar puro,
quedan sin resplandor escurecidos
de colores subidos,
la nieve es negra, el nácar es escuro.
Siéntanse los dos soles,
y goviernan el carro serafines,
y al passo que se alexan
al concertado [s]on de cherubines,
de claros tornasoles
pintan las nubes, que en el aire dexan
que a vezes de sol claro ay de tales fines,
y este sol de María lo fue tanto,
que nubes en su ausencia anuncian llanto.
Calíope subiste
al cielo, con tu pluma,
no temas la caída, pues que viste
qye deste cielo ya la alteza suma
mi bello sol la iguala con el orbe,
porque al subir el hombre nada estorbe.

(ff. 33r-35v)

Tema 2º Octavas

Doña Juana Gaitán

Quando al premio mayor que ha visto el mundo
(si bien servicio igual no ha visto el suelo)
con real ostentación de amor profundo,
pudo a Illefonso conduzir su zelo:
con pompa y aparato sin segundo,
una escala a su reyna hizo el cielo,
por quien sobre Toledo parecía,
que la corte del cielo se venía.

Eran los passos grandes, anchurosos,
del cristal de la luna fabricados,
con diez tapizes por estremo hermosos,
de raso açul cubiertos y adornados:
de rayos de la aurora más lustrosos,
sus apazibles lexos retocados,
con mil filetes por mayor decoro,
adonde el sol gastó sus hebras de oro.

Partido en dos hermosos esquadrones,
el coro se mostró de las donzellas,
coronados los castos coraçones
de flores blancas, olorosas, bellas:
al compás de sonoros violones
quando unas tiran blandamente estrellas,
otras con blancas manos reparavan,
y estrellas blancas a tirar tornavan.

Con varios instrumentos los confines
hollaron de la escala ardientes coros:
retumbaron en Tajo los clarines,
y en el cielo los cánticos sonoros:
tocaron las campanas a maitines,
y esparciendo sus lenguas sus tesoros,
dizen haziendo a media noche salba,
en lugar del tin tin, al alba al alba.

Luego el alba salió (que las campanas
fueron desta merced dulces parleras)
sembrando entre sus luzes soberanas
sobre Toledo alegres primaveras
de todas las gloriosas cortesanas
Leocadia se quedó de las posteras
que sustentava (con glorioso asombro)
la mano de la Virgen sobre el hombro.

Al número de vírgenes glorioso
atento el Tajo por mejor mirallas,
mandó cessar el nurmurar sabroso
al espejo imperial de las murallas:
sobre su trono de cristal lustroso,
quisiera recebillas y hospedallas,
donde sus aves, margen, sotos, flores,
dieran música, oro, sombra, olores.

Ocuparon las tropas celestiales,
la santa iglesia, con igual contento,
y al honrarlas las plantas virginales,
la música dobló su dulce acento:
la cátedra, la silla, los sitiales,
vistió de Ilefonso (¡gran portento!)
anticipada convenir a honrallo
para honralle también con aguardallo.

A aqueste mismo tiempo el pastor santo
llegó con su devota clerezía
a la entrada del templo sacrosanto,
cielo ta toledano de María:
tanta divina luz, resplandor tanto,
a los humanos ojos confundía;
solo el águilla real en tal distrito
pudo la luz mirar de hito en hito.

Porque gusrdaste virginal limpieza
(antepuesta razón a su decoro)
único defensor de mi pureza
devidas prendas que en tu fe atesoro,
te ofrece agradecida mi largueza
esra casulla, celestial tesoro,
con que renueves deste don la gloria
en mis festividades por memoria.

Dixo la Virgen, y al dichoso suelo
con sus divinas plantas lo señala,
y assí premiado de Illefonso el zelo,
començó a remontarse por su escala:
contoles el exército del cielo,
gloria a María, y al pastor la gala,
dexando por señal de amor profundo
embidia de Toledo a todo el mundo.

(ff. 45v-47r)

Tema 3º Una glosa en ocho coplas castellanas a los cuatro pies de una redondilla

Si a un muerto (o imagen) a abraços
da vida Eliseo de padre,
como a Adán Dios, de su madre
¿qué bien no os darían los braços?

De doña Juana Velarde

Virgen morena y hermosa
más que ninguna del suelo,
ante deidad tan gloriosa
un alma pide consuelo,
que en sí misma no reposa,
Y pues pueden vuestros braços
dar vida con dulces laços,
mejor podreis con gemidos
resucitar mis sentidos,
si a un muerto (o imagen) a abraços.
Los que la del cielo os dio
ser a vos sola colijo,
y no al que en los braços vio,
pues siempre está con su hijo,
pero con su hechura, no.
Bien es que el ser madre os quadre,
y que con amor de madre
deis vida a los pecadores,
pues a un niño con amores
da vida Eliseo de padre.
Los dos Adanes se hizieron
sin padre, y de madres dos,
aunque muy distintas fueron:
una fue la tierra, y vos,
a quien los santos pidieron.
De madre dos y sin padre,
dixe, y porque más nos quadre,
a su hijo, en quanto humano,
formó con ser soberano
como a Adán Dios, de su madre.
El Apeles que os pintó
pienso, señora, que fue
quien los abraços os dio,
y en la perfeción se vee
la mano que os retrató.
De quien con tan fuertes laços
recebistes los abraços,
que una noche vio el pastor
desta iglesia, diga amor,
¿qué bien no os darían los braços?

(ff. 68r-v)

Tema 4º Un romance de veinte redondillas

Doña Manuela Pardo de Monzón

Las generosas fiestas

A que haze el Sandoval monarca,
al símil más parecido
del ave llena de gracias:
con insignias de alegría,
y con amorosas galas
viene el zeloso Illefonso,
y una constante Leocadia.
Aquel pastor cuidadoso
que en la iglesia toledana
le quitó al hambriento lobo
tantas corderillas blancas.
Aquella luz encendida
cuya misteriosa llama
sobre candelero de oro
rayos divinos dilata.
Aquella abundante fuente
de amor, cuyas vivas aguas
fertilizan para el cielo
las enamoradas almas.
Aquel doctor de de las gentes
que con eloquencia rara,
desterró en favor del cielo
mil opiniones contrarias.
Aquel galán cortesano,
que a la reya no manchada
defendió (con fuerte pecho)
de la infernal arrogancia.
Aquel que estimó María
tanto, que vino a su casa
a darle la prenda rica
de la corte soberana.
Aquel que en sus tiernos años
el alma y cuerpo humillava
al nombre suave y dulce
de la que tiene en el alma.
Este, pues, por quien el tiempo
da pluma y voz, a la fama,
con que eternize su nombre
para mil edades largas.
Con el godo Recisundo
a quien sirviendo acompañan
los grandes y cavalleros
de la nobleza de España.
En solene processión
van a las gloriosas aras
del sepulcro venturoso
por el tesoro que guarda.
La que siendo niña, pudo
con disposición gallarda
atropellar falsos dioses
sin temer la parca airada.
La que siguiendo al cordero
con estola pura y blanca,
la matizó con su sangre
ganando gloriosa palma.
A los rayos del sol claro
(como aurora se levanta)
dentre las funestas sombras,
y con voz del cielo habla.
Por ti, Ilefonso, que gozas
de tan dignas alabanças
permanece la limpieza
de la más pura, y más santa.
Un cándido velo cubre
el rostro de nieve y nácar,
adorno del ángel bello,
que truxo tal embaxada.
Con un cuchillo que el rey
entre amor y temor saca,
le corta una aparte rica
Ilefonso, a quien alaba.
Bolvió la aurora a su ocaso
y al cielo infinitas gracias
dieron, y al pastor dichoso
que merece gloria tanta.
Con infinitas reliquias
estas dos preciosas guarda
el toledano sagrario
que es la maravilla octava.

(ff. 84r-85v)

Tema 5º Sonetos

De una dama, que le dio con nombre de Arminda

Dos manos tan iguales, tan unidas,
que ni la muerte misma las divide
triunfan aquí del tiempo, que no impide
justas memorias, a tan santas vidas.
Estas estrellas nunca tan luzidas
(gloria de Rojas) dizen, que reside
Fernando aquí, con cuyo lustre mide
doña María Chacón lises floridas.
Si de quanto este mármol duro sella
aguardas (caminante) testimonio,
Bernardo (que estas aras que eterniza
devoto consagró a esta Virgen bella)
fue el Fénix de tan noble matrimonio,
mira quál ha de ser esta ceniza.

(ff. 94r-v)

De doña Ana María de Aldai y Vergara

Detente (caminante) y pues no ignoras
que de tu mismo ser te informa el mío,
considérate en mi cadáver frío,
oh, espiritada piedra, sino lloras.
Essa mortalidad que ciego adoras
mal milita en su breve señorío,
si con la luz de ti, que a ti te embío,
hecho un Narciso humano te enamoras.
Tu espejo soy, si no tu clara fuente,
adonde ver podrá tu pensamiento.
que tu retrato en mí, difunto yaze:
Pero podrás vivir eternamente,
si arroja el alma en mí su entendimiento,
que el que aquí muere, a eterna vida nace.

(ff. 98r-v)

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