Carmelitas descalzas, Relación de la vida de nuestra…


Relación de la vida de nuestra Madre Catalina de Cristo, religiosa carmelita descalza. En: Papeles sobre la Madre Catalina de Cristo, religiosa carmelita descalza.
(BNE mss/5595, siglo XVII)

A nuestra madre Cathalina de Christo. Soneto

Dichoso y sanctissimo Carmelo
que nuebo sol en ti se nos descubre
dando gran claridad a quien no encubre
su vida aquel gran príncipe del cielo.

Dichoso sol pues que quitado el velo
estás resplandeciendo allá en la cumbre
de los montes eternos con tal lumbre
que admiras los mortales desde el suelo.

Descúbrase tu luz por todo el mundo
entiéndase la vida que hezistí
porque puedan algunos imitarte.

Dichosa alma pues que allaá viviendo
tu avitación al cielo la tubiste
siguiendo al cordero en toda parte.

(f. 4v)

Octavas

Confúndase el saber y la eloquencia
de aqueste miserable y triste suelo
pues es indigno de llamarse ciencia
la que se acaba qual ligero buelo
y resplandezca en mí por su clemencia
aquella inmensa luz del alto cielo
para que pueda yo aunque yndigna
tratar de nuestra madre Catalina.

Mas como aquella que decir no hazierta
el ABC del todo conçertado
podrá alabar a la que siendo muerta
no gustó de la muerte del peccado
cuya virtud a todos fue tan cierta
que grande admiración les á causado
el ver que como sol resplandecia
y que cual fuego a todos ençendía.

Fue tanta desta sancta siendo niña
la charidad y fuego con que se ardía
que a vezes se quedaba sin basquiña
y a los desnudos pobres acudía
y qual ave ligera de rapiña
no soltava la caza que cogía
de niños que sus llagas les curaba
y en esto por su dios se deleytava.

En estos tierno años se abrasaba
en amor de la Virgen su querida
tanto que en su presencia se quedava
las noches derrodillas detenida
en continua oración las occupava
en un retrete sola retrayda
a solas a la Virgen alabando
y en esto su niñez hiba gastando.

Crecida ya en edad resplandecía
en tanta penitencia que admiraba
vistiéndose con silicio que tenía
que del todo su cuerpo desangraba
para curar las llagas que le hazía
para con sal, vinagre fuerte se fregaba
para satisfacer al amor fuerte
quen ella siempre hardió hasta la muerte.

Siendo pues esta sancta religiosa
en obediencia tal resplandecía
que nunca fue ordenada cosa
a que si interior no obedicía
y como a verdadera y fiel esposa
la boz de su amado hallá sentía
que le decía hazed esto mi amada
quedando en todo muy regocijada.

Discreta. temerosa y muy paciente
como esposa ía a Cristo consagrada
como amor puro, chasto y tan ferviente
buscava con todo ser menos preciada.
Su çelo la traya tan hirbiente
que nunca falta a nadie perdonaba
ni desto de dezir lo que sentía
por más contradición que en esto avía.

Aquel inmenso Dios que pagar quiso
la sed insaciable en que se ardía
llebándola consigo al paraíso
con larga enfermedad llegó aquel día
en que se consumió aquel çísne y hizo
un canto tan suabe y de alegría
que a sus hijas todas consolava
y en el amor de Dios las exortava.

Assí como el sol respladeciente
sale muy más hermoso y agraciado
quando las nubes huyen de repente
assí salió este spiritu endiosado
a la voz de su Dios omnipotente
quedando desde hallí glorificado
con tanto resplandor y tan hermoso
qual le paró la vista de su esposo.

Quedaba muy atrás en la blancura
la niebe que de nadie fue tocada
a la muy blanca y rica vestidura
con que salió esta sancta oy adornada.
Llebava en su mano palma pura
con estraño primor adereçada
de virtudes que enlaçan por arriba
cogollos tiernos de una verde oliba.

No las perlas preciosas del Oriente
ni aun el coral que más profundo cría
miel cristal fino limpio y transparente
ni el oro que la India nos embía
lucir pudieron tan lustrosamente
como su sancta alma en este día
llebándose consigo mill gloriosas
almas que vido en carçel congojosas.

La corona hermosísima y dorada
que al relumbrante Apolo escurecía
con barias y flores, bella, conçertada
le dio su dulçe esposo en este día.
Blancos jazmines, rosas encarnadas
clabeles y violetas que tejidas
con el mosquete blanco y oloroso
adornavan el círculo vistoso.

Subía esta alma sancta muy gloriosa
recostada a su amado y vertía
mil gracias y lindeças tan hermosa
que la corte del cielo assí decía.
Quien es esa que sube victoriosa
dese profundo valle aqueste día
parece un esquadrón bien conçertado
de virtudes y gracias adornado.

La gran Hierusalem quedó desierta
de los más ciudadanos que bivían
saliendo a reçebir la hermosa oferta
que del sancto carmelo a dios hazían.
Biendo pues a esta sancta descubierta
aquella inmensa gloria que veya
quedó con muy mayor gloria adornada
y en el inmenso Dios deificada.

Saliola a reçebir la bella Aurora
madre del rey del cielo acompañada
de vírgines hermosas que a la ora
tubieron esta sancta rodeada.
Abraçola muy fuerte esta señora
con la grande Theresa madre amada
que dijo, mi hija sea muy venida
a goçar dela perdurable vida.

Todas iban siguiendo al cordero
con hermosas guirnaldas coronadas
y con un puro chasto amor sinzero
cantando a sus coros conçertadas
llebándolas su esposo verdadero
a sus sillas y eternales moradas
a donde dizen siempre sancto sancto
al dios que por su amor padeció tanto.

O, región hermosa dulçe y bella
a donde los deleytes son sin quento
en ti región sancta no haze mella
los llantos dolorosos ni el tormento.
O, quién pudiese veerse ya en ella
y deste mal profundo estar esento
por esto llorar hasta que vea
a ti mi dulçe Dios y te posea.

O dulce Catalina madre nuestra
duélete del rebaño doloroso
pues siempre en ti halló tan fiel maestra
llebándose a su Christo fiel esposo
y pues estas goçando de tal fiesta
do no se acabara nunca el reposo.
Ruega por estas hijas que el suelo
tengan su abitación allá en cielo.

(ff. VIr-Xr)

Tercetos a la mesma:

Si queréis ver un fuego insaciable
de amor que acca biviendo siempre ardía
miraldo en Catalina inestimable[1].

Porque aun estando accá ya no bivía
el ella sino amor y aquel que amaba
y por el sospirava noche y día.

En tan grande fuego sienpre se abraçaba
que estar en sí jamás le hera posible
y assí en su criador se trasportava.

Y tanto su deseo se aumentaba
de verse con el Dios assí quería
que continuo mil quejas le embiava.

Lorando (sic) por su ausencia assí decía
libradme desta carçel congojosa
y goçe yo de vos dulçe alegría.

Nunca jamás ninguna cierba erida
se vio correr tan beloz a la fuente
como esta alma a Dios de amor bençida.

La vida le servía de tormento
por la fuerza de amor que la aquejaba
y la muerte aguardava con contento.

Mas aunque en viva llama harder se vía
procuraba creçer siempre la llaga
que el amor en su pecho se hazía
porque el amor con solo amor se paga.

(ff. Xr-v)

[1] En otra copia de este manuscrito (BNE 6621) el terceto comienza de este modo:

Un ángel sería justo que bajase
para alabar la grande Cathalina
y algo de su amor nos declarase.

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