Ana Caro Mallén, Contexto de las reales fiestas


CONTEXTO de las reales Fiestas que se hicieron en el Palacio del Buen Retiro.

A LA CORONACION DE REY DE ROMANOS, y entrada en Madrid de la Señora Princesa de Cariñán, En tres Discursos Por D. Ana Caro de Mallen.

 

  • A LA SEÑORA DOÑA AGUSTINA SPINOLA Y ERASO.

    Entre los que han comenzado a ponderar la noble generosidad del señor Carlos Strata, también acreditada en sus aciertos, le ha cabido a mi grande inclinación esta poca parte, y aunque de muchas se hace alguna, jamás bastarán tantos escritos (aun cuando más anhelen en dilatados encarecimientos) a pintar ni aun en bosquejo lo menos de facción que ostentó lo más, del más que liberal ánimo suyo, en ocasión que la acción más alta pudiera parecer pigmea, nivelada con la grandeza del objeto a quien le dedico: todos la cantan, y aunque ninguno bien, ellos menos mal que yo, y yo más aficionada que todos ofrezco a V. merced ese Poema, inútil desperdicio de algunas horas, en cuyas atenciones aseguro a mi ingenio ricas medras, sino desmerece por obra de mujer, mas, cuando le dedico a mujer, aunque tan única, bien pienso que por humilde solicitará en su nobleza acogida, mi deseo para que luzca sus afectos, y V. merced en aceptarlos la nobilísima sangre que hereda de tantos señores, Cardenales y Pontífices, como en la clarísima casa de los Spinolas ha eternizado siempre, maravillas al mundo, y jerarquías al cielo. Guarde Dios a V. merced, con felices aumentos.
    Servidora de V. m.
    Doña Ana Caro de Mallen.

    AL LECTOR

    Lector Caro: si lo fuere para ti este Contexto, más por lo que te puede enfadar que costar, perdónale este pecado a mi ignorancia, advirtiendo que lo mal razonado de él, es haberse hecho sin intención de publicarlo, y con diferente asunto, como se conocerá en la remisión que he tenido para darle a la estampa; hágolo ya, mudándole el principio, causa de que vaya menos corriente, obligada, o persuadida de algunos aficionados. Suplícote le censures como tuyo, y le compres como ajeno, que con esto, si tú no contento, yo quedaré pagada.

    Mal acordado el rústico instrumento,
    La voz cobarde, el labio temeroso,
    Torpe la mano, inútil el concento,
    Bajo el estilo, el genio perezoso,
    Turbado el pulso, tímido el aliento, 5
    Sin tono el plectro, el brazo sin reposo,
    Necio el discurso, ciega la memoria,
    Aspiro al imposible de más gloria.

    No poco la esperanza desanima
    El que a esta acción (espíritu) la mueve, 10
    Cuando atrevida en el impulso intima
    Vuelo fatal de pluma, y cera leve:
    Mas no halla escarmiento que reprima
    El brioso ardor que a tal empresa debe,
    Logrando la vitoria de este intento, 15
    En la gloria del mismo atrevimiento.

    Llegue de Manzanares al Pactolo,
    Dulce no, afectuosa la voz mía,
    Cobrando aliento en el objeto solo
    Que pudo dar valor a su osadía, 20
    Por mujer ignorante (oh claro Apolo)
    Mal cursada en tu escuela, mi Talía
    Favor te pide, dásele pues eres,
    Preceptor de una clase de mujeres.

    Atiende (oh sacro padre de la ciencia, 25
    Del día honor, del cielo hermosura)
    Al afecto, a la humilde reverencia
    Con que mi celo tu favor procura:
    Dígnese tu elocuente providencia
    De prestar a mi acento su dulzura, 30
    Podré hacerlo en mi lira repetido,
    Alboroto a la fama apetecido.

    Felipe el Magno, Cuarto Rey de España,
    En grandezas primero; y sin segundo,
    Heroico asombro a la Nación extraña: 35
    Gloria del Austria, admiración del mundo;
    El Grande, el Poderoso, en cuanto baña
    Con dilatado imperio el mar profundo,
    Donde Neptuno altares le construye,
    y tesoros deudor le restituye. 40

    Este Augusto invictìsimo Monarca
    Que el Cielo guarde, numerosos años,
    Contra las invasiones de la parca
    Roca invencible a sus comunes daños:
    Este, admirado en cuanto el Orbe abarca, 45
    De adonde el sol al alba en blancos paños
    A ser luciente vida al mundo nace,
    A la noche, que en tumba parda yace.

    Duplicando laureles a su fama
    Gloriosa, en tantos hechos soberanos, 50
    Con el clarín de sus trofeos llama
    De Madrid, a los Nobles Cortesanos,
    Recebimiento alegre de Madama
    María, y elección del de Romanos,
    Fernando Serenísimo de Hungría, 55
    Celebran los aplausos en un día.

    Dejo riquezas, gastos; prevenciones,
    Grandezas, aparatos, y festines,
    Donde lucieron tantas elecciones,
    Encaminadas a gloriosos fines, 60
    Donde logró el poder ejecuciones,
    Porque admire Madrid en sus confines,
    Librando en los afectos el desvelo,
    En breve mapa, dilatado el Cielo.

    Quiso su Majestad honrar la fiesta, 65
    Premiando en esta acción, cuantos cuidados
    Mostraron a porfía, o sobre apuesta,
    En servirle, deseos bien logrados,
    Obediente, y solícito le apresta,
    Fiel en el gusto, leal en los agrados, 70
    Su casa, y voluntad humilde y grata,
    El genovés ilustre Carlo Strata.

    Solicitó este honor (en la grandeza
    Del gran Felipe) el celo, o la caricia,
    De igualar con el premio la nobleza, 75
    Que en Carlos aún venera la malicia
    Tan gran dicha, blasón de tanta alteza,
    Bien se le debe a Strata de justicia,
    Pues de su Patria, honor feliz se muestra,
    Si espejo inimitable de la nuestra. 80

    No hablo en su calidad por ser notoria,
    En cuya sangre tantos resplandecen
    Varones claros, dando a la memoria
    Heroico aplauso en quien las suyas crecen:
    Génova mira en él toda la gloria 85
    De sus antecesores, pues florecen
    En sus sacros antiguos protocolos,
    Solos en letras, como en armas solos .

    Es de la Nobilísima Agustina
    Esposo digno, si consorte claro, 90
    En sangre, y en Nobleza peregrina,
    y heroico ejemplo de virtudes raro;
    Spinola llustrísima, no Espina,
    Rosa sí, cuyo olor es dulce amparo
    A cuantos de su sombra se han valido, 95
    y en ella su ventura han conseguido.

    La Nobleza de Spinola y Eraso,
    Ilustran el valor de esta señora
    Con quien el Cielo en nada anduvo escaso,
    Pues que de tanta perfección la honora: 100
    Ensalza su apellido al mismo paso.
    Que su Nobleza, la que el mundo adora,
    Silla Pontifical, sin que se arguya
    Por novedad en la ascendencia suya.

    Con acuerdo del Cielo, según creo, 105
    Por consuelo de pobres, y afligidos,
    Se vieron en los brazos de Himineo
    Ambos, estrecha, y dulcemente unidos:
    Siempre apacible, y grato su deseo,
    Remedio a tristes, dicha a desvalidos, 110
    Si daños reparó, contrastó fuerte
    De su fortuna vil, la acerba suerte.

    De franca y liberal su mano pasa
    A magnífica en todo, siendo altivo,
    Ejemplo de piedad, que da sin tasa 115
    Sólo obligado de su leal motivo,
    Afrenta noble de avaricia escasa;
    Que fuera del asiento y donativo,
    Sirve al Rey, de la guerra en las facciones,
    Con puntual socorro y provisiones. 120

    Mas en esta materia en vano muevo,
    La pluma, como en todas, que imposible
    Será contar los átomos a Febo,
    y grandezas a su ánimo invencible,
    Entró el Rey en su casa (blasón nuevo, 125
    Que obliga a Carlos todo lo posible)
    Cuando en esta fineza recompensa,
    Su amor, su voluntad, y su fe inmensa.

    Fue pues, su Majestad, a quien Dios guarde,
    y el Guzmán valeroso, Duque Conde, 130
    A las tres, poco más, de aquella tarde,
    A la del Noble Strata, casa donde
    De su franca riqueza hizo alarde
    El ánimo que bien se corresponde
    A la sangre ilustrísima que hereda, 135
    Sin que la emulación borrarlo pueda.

    Agradeció incansable, el peregrino
    Favor, que el gran Felipe le hacía;
    Besó la Real mano, que el divino
    Cetro, rige de aquesta Monarquía, 140
    El Conde de la Fuente, y Galvarino,
    Yerno, y sobrino, en bien cortés porfía
    Se la besan con dulce regocijo
    Y don Joseph, su valeroso hijo.

    La grandiosa mansión alborotada, 145
    Viéndole venturosa, y felizmente,
    Si de blasones nuevos ilustrada,
    Del sol mayor del mundo, nuevo Oriente:
    Cielo mira su estancia dilatada,
    Y átomo, aun al descuido no consiente, 150
    Previniendo gustosa en el cuidado,
    Lo que él tomó a su cargo adelantado.

    Diole Carlos al Rey, como quien sabe,
    Que libra de su ser el desempeño
    En esta acción, una dorada llave, 155
    Resignación debida al propio dueño:
    Con apacibilidad, dulce y suave,
    Semblante afable, rostro halagüeño,
    Indice de su gusto, y alegría,
    El César admitió esta bizarría. 160

    Admiró la grandeza prevenida,
    A su Real Majestad, a su decoro,
    Y en lo menos que mira, ve corrida
    La más preciosa estimaci6n· del oro:
    Cada pintura a suspensión convida, 165
    Aquí se ve una mina, allí un tesoro,
    Maravillas aquí, y acullá espantos,
    Sin que los ojos puedan mirar tantos.

    En su agradable espacio se reparte,
    (Sea lisonja al gusto, o sea soborno) 170
    El mas sutil primor, que pudo el arte
    Pintar, venciendo el natural adorno,
    Un cielo era la casa en cualquier parte,
    De aseos, y de joyas llena en torno,
    No excediendo, aunque exceso su riqueza, 175
    A la disposición de su belleza.

    Vanagloria ostentaban los primores
    Del arte, reducida a los preceptos
    Que inquirió la elección, superiores,
    y la agudeza imaginó perfectos, 180
    Sus milagros aquí se ven mayores,
    Pues logrando disignios tan discretos,
    Hace de sus pinceles lo pulido
    Reseña de su estudio prevenido.

    Soberbia, desatino, o arrogancia, 185
    (Cuando no de ambición. achaque sumo)
    Es la ponderación de mi ignorancia,
    Cuando pintar aun lo menor presumo:
    Tempestad de suavísima fragancia,
    Suspensión espiró en sabeo humo, 190
    De diferentes y olorosas pomas,
    Llanto de Electro, de Pancaya aromas .

    Con notable agudeza y artificio
    Todos los pasos de la grande escala
    Taladrados se ven, al desperdicio 195
    Del vivo olor, que la fragrancia exhala,
    De sutiles ingenios, claro indicio,
    De céfiro y favonio, aliento y gala,
    Que en el hueco de cada breve rima,
    Al tercero sentido gloria íntima. 200

    Gustoso examinar pudo el cuidado,
    Con que su Majestad notaba, cuanta
    Curiosidad pulió lo retirado,
    Donde lo menos fue riqueza tanta,
    Mas pareció en el Rey razón de estado, 205
    El favor con que a Carlos adelanta,
    Que ir a vestirse, pues echó con esto
    A las demás finezas todo el resto.

    Doce piezas bellísimas había,
    (Que quiso ver curioso), continuadas; 210
    Tras ellas una hermosa galería,
    Descanso a sus estancias dilatadas,
    De curiosa y sutil tapicería,
    Se ven hasta las cimbras relevadas;
    Y el suelo de riquísimas alfombras, 215
    Que bosqueja de abril el lienzo en sombras.

    Una cuadra se ofrece, donde enmienda,
    Todo viviente la pensión de humano,
    Que obstentó en más esplendida merienda
    El gran convite de aquel Rey tirano. 220
    Detiene el apetito allí la rienda
    y distinción procura hacer en vano
    De lo que en su abundancia el gusto obliga:
    Pues más se cansa, y menos lo consigue.

    Al cuarto pasó el Rey del de Olivares, 225
    No menos admirable que costoso,
    Y en riquezas y adornos singulares
    Le halló igual, y conforme al suyo hermoso.
    Sobre un bufete rico vio dos pares
    De salvillas , de aquel metal precioso, 230
    Que alentar pudo con indigno exceso,
    En Midas la ambición, lo avaro en Creso.

    Corrió su Majestad un sutil velo,
    Que nube fue, a luciente tropa bella
    De preciosos diamantes, que el desvelo 235
    Del viril perfiló y el oro sella;
    De Carlos se miró el ardiente celo,
    En el rayo menor de su centella,
    Cuyo valor costoso, y rico aprecio,
    Por grande; apenas pudo tener precio. 240

    Estos sirven de esmalte a una cadena,
    o al tope, o fondos, Jerarquía ardiente,
    De luceros brillantes que enajena
    La vista con su luz resplandeciente
    Desvanece el ofir su rica vena, 245
    En un gran Relicario, que pendiente
    Guarda reliquia de la Cruz triunfante,
    y de la Sacra Inés, Virgen Constante.

    Dos ricas, y hermosas pastilleras,
    A donde con primor se mira escrito, 250
    Victoria, por premisas verdaderas,
    De los sucesos de Felipe Invicto.
    Una Cruz de cristal, que las primeras
    Victorias goza ya por su infinito
    Precio, pues en los rayos excedía 255
    Del Ceilán a la ardiente argentería.

    Excusó este regalo su Excelencia
    Del Conde Duque, mas el Rey Augusto,
    Le previene por ley de su obediencia,
    Que agradecido a Carlos le dé gusto, 260
    No replicando muestra en su prudencia,
    El Guzmán, de su pecho el celo justo,
    y haciendo a la cudicia vil afrenta,
    Al Rey las joyas liberal presenta.

    No hay sala, o camarín que no inquiete 265
    Del Cuarto Sol el rayo luminoso.
    Pasó desde su cama a otro retrete,
    Rico de joyas, de pintura hermoso,
    y halló sobre la cima de un bufete,
    Ministrando volumen oloroso, 270
    El número de cuatro pastilleras,
    Que reducen las siete a sus esferas.

    En ellos con primor están grabados
    Los nombres de Filipe, e Isabel
    Divina suspensión de los cuidados: 275
    A cuya gloria: todo triste apela;
    De coral, cristal y oro dos preciados
    Extremos, que en su extremo se desvela
    El artificio, obrando maravillas:
    Halló dos preciosísimas salvillas 280

    Estas haciendo a su Grandeza salva,
    En su riqueza o su arabición le ofrecen
    Desperdicios del sol, risas del Alba,
    Que en epicielos de oro resplandecen
    Estimaciones de su aprecio salva, 285
    En los que los perfilan, y guarnecen,
    Claros celajes, cuyos arreboles,
    Viéndose rayos le duplican soles.

    Añaden vanidad preciosa al oro,
    Donde se hallan ricamente unidos 290
    Términos alargando a su tesoro,
    De quilates más puros, más subidos,
    De una cadena ilustran el decoro,
    Números dando a su valor crecidos,
    Cuyo milagro muestra sincopado, 295
    Dentro en sus orbes todo el estrellado.

    Un relicario en ella, guarda, o cela,
    Haciendo a la atención que se anticipe,
    Donde el buril, y el arte se desvela,
    Porque de sus prodigios participe, 300
    Vista a una parte, a la otra centinela
    Son de santa Isabel, y San Felipe,
    Reliquias, a quien puso el oro leyes,
    En memoria del nombre de los Reyes.

    República de llamas, Etna a donde 305
    Se miran de la noche antorchas vivas,
    En bello globo el relicario esconde
    Por lineas de su aurora primitivas,
    Al tope, o fondos, realza, o corresponde,
    Su perfecci6n, o su riqueza altivas, 310
    Ajustando conformes, si divisos
    Fulgores los cambiantes, luz los visos.

    Dos urnas de oro, de curiosa hechura,
    Cuyo valor se engasta de preciosas
    Piedras, cuando en su precio el oro apura, 315
    De America las venas más copiosas.
    Dos cajas de lo mismo, en quien procura,
    Mostrar el Arte, en cifras generosas
    Los reales nombres, y el que en gloria baña,
    Baltasar, amantísimo a su España. 320

    Con generosidad afable, y grata,
    Aceptó el gran Monarca el amoroso
    Deseo, donde intenta CarIo Strata
    Muestra hacer de su celo cuidadoso,
    El cual su heroica voluntad: retrata, 325
    y liberal cuidado efectuoso.
    En tan alta ocasión mostrando activo,
    Que es de amor, y lealtad ejemplo vivo.

    Dio al César memorial, donde le pide,
    Le pague, cuando le honra tan sin tasa, 330
    Con favor, que a ningún favor se mide,
    Pues que de honor a ser exceso pasa,
    Que en tanto que los términos divide,
    El tiempo lisonjee dueño y casa,
    y elija lo que fuere de su gusto, 335
    O se sirva de todo pues es justo.

    No pondero, no alabo la grandeza
    De la resolución de estas acciones
    Tan propias en la sangre, en la nobleza
    De Strata, y sus lucidas perfecciones, 340
    Su ánimo (aun mayor que su riqueza)
    Lleno de soberanas ambiciones,
    Emulo a los olvidos, fama adquiere,
    Con que a los nueve invictos se prefiere.

    Viendo su Majestad, que su desvelo 345
    Es servirle, mostró que se agradaba
    De una cama de rojo terciopelo,
    Que en tela a flores, rica se aforraba,
    Si maravillas hubo, yo recelo,
    Que aquesta fue la Maravilla Octava, 350
    Cuando por su valor mejor pudiera
    Ser de todas las siete, la primera.

    La madera, que solio peregrino
    A suspender bastó, embarazo al viento,
    Ebano negro, o azabache fino
    Se vio milagro, se celó portento.
    Lo diáfano, brillante, y cristalino
    Del diamante suspende el valimiento,
    Solo aspirando a oposición tan bella,
    Pues no hay cosa que ver, después de vella. 360

    Una tapicería de oro y seda
    De hermosas, y riquísimas labores,
    Donde el arte monstruosa hace que exceda
    Su estudio al natural, y sus primores,
    Corta de mayo la pintura queda 365
    De Amaltea caducas son las flores,
    Cuando con ella competir procuran,
    Pues menos bellas son, y menos duran.

    Ocho pomos de plata, que dorados
    y grandes, recogieron cuantas llora 370
    Perlas el alba, electros distilados
    Por el claro alambique de la Aurora,
    Sustitución fragante de los prados
    Donde oloroso imperio anima Flora,
    Dándoles de su aliento en el trabuco 375
    Ambar, almizcle, algalia, y calambuco.

    Un brasero de plata (inexpugnable
    Roca) cuya hechura fue desprecio
    Por curiosa, por bella, y admirable
    A toda la riqueza de su precio, 380
    y del mismo metal, inestimable
    Por la sutil labor, digna de aprecio
    Una rica, vistosa escribanía
    Donde el cincel mostró su valentía.

    Otro día a Palacio lo remite 385
    Con generosa mano, y franco pecho,
    Haciendo que la envidia facilite
    Aplausos a pesar de su despecho.
    Su Majestad su voluntad admite
    De sus muchos servicios satisfecho, 390
    Galardonando justas esperanzas,
    Con posesión de eternas alabanzas.

    Los dulces, las sabrosas colaciones,
    Suaves, olorosas, regaladas,
    Diversas en materias e invenciones, 395
    A los ojos, y al gusto sazonadas,
    De Lisboa y Valencia prevenciones,
    Que Zaragoza y Génova admiradas
    Ven competir con las que allí rindieron,
    Que el Non Plus Ultra al apetito fueron, 400

    Mandó el Rey, que se den a la Condesa
    De Olivares Ilustre, porque quiere
    Lograrlos todos en su Real mesa,
    Precepto que en su agrado bien se infiere
    Obedeciendo aquesta ley expresa 405
    Al jueves de Cuaresma se difiere
    El enviarlos, porque los más días
    Vio en el Retiro el Rey las alegrías.

    Gentilhombres de Cámara, y Señores
    Con opulencia grande, y peregrina, 410
    Tuvieron desperdicios superiores
    En que Epicureo el gusto le examina.
    Depositaria fue la que de flores
    Es depósito grande (aunque menina,
    Sin que contradicción alguna implique) 415
    Doña Francisca, honor de lo Manrique.

    El Conde Duque, la Condesa, y Damas
    Alcanzaron también parte infinita
    De regalo tan grande, a quien ya aclamas,
    O aplauso cuando el mismo se acredita. 420
    Trofeo digno fue de eternas famas,
    En vano el tiempo vano le limita
    Acuerdo numeroso en lo futuro,
    Si él se eterniza en inmortal coluro.

    Y en vano ingenio humano aunque presuma 425
    De acierto inteligente y soberano,
    Podrá hacer de estas grandezas suma,
    Que toda presunción es viento vano,
    El asunto inmortal, mortal la pluma,
    La materia divina, el genio humano 430
    Mal podrán acordar las consonancias,
    Estando indiferentes las distancias.

    Ya el Planeta mayor, antorcha clara
    Del cielo, fénix de su ardiente urna
    En más templado fuego, o lumbre avara 435
    Al antípoda ofrece luz diurna,
    De nubes revocó su hermosa cara,
    Y tropel luminoso a la nocturna
    Obscuridad cedió, porque su coche
    De estrellas blancas, negro velo abroche. 440

    No hicieron falta sus lucientes rayos,
    Que en la casa de Strata tantos giran,
    Que a los suyos pudieran ser desmayos,
    Quando en León mayor aliento espiran.
    De su cielo bosquejos, sino ensayos 445
    En quien los cielos mucho día admiran,
    Esta noche pudieran ser los cielos
    De su lumbre, teniendo envidia, o celos.

    Chapiteles, balcones, y ventanas
    De hachas, y faroles se coronan, 450
    Mostrando alegres, pregonando ufanas
    La gloria, y nuevo honor de que blasonan.
    Llegan volando a su elemento vanas,
    y las mismas estrellas no perdonan,
    Que es tanta la ambición de sus centellas, 455
    Que se atreve soberbia a las estrellas.

    De las lumbres la máquina fue incierta,
    Por ser la casa ardiente Mongibello,
    Adonde la Aritmética no acierta
    A contar tanto rayo en tanto cielo. 460
    Diose toda la tarde franca puerta,
    Y mesa franca, general consuelo
    De cuantos los tinelos solicitan,
    y en ellos muerto aliento resucitan.

    La gula o hambre entraron allí a saco 465
    Hallando liberal, y prevenida
    Al tiempo estéril, al anhelo flaco,
    Tan opulenta, espléndida comida.
    La madre Ceres, y el robusco Baco
    A todos llama aquélla, éste convida, 470
    Fiados más, que en su abundancia, al doble,
    En el grande valor de Strata noble.

    Expendió aqueste día gran tesoro
    Entre los oficiales, y criados
    Del Rey nuestro señor, que en su decoro 475
    Laureles son de honores duplicados,
    Guantes, preseas, joyas, y de oro
    Mil escudos, o más, tan bien logrados,
    Que Alejandro le intima sin segundo,
    Pues magnífico en paz conquista el mundo. 480

    De allí salió el Monarca Poderoso,
    y al despedirse del ilustre Strata,
    Le abrazó con semblante caricioso,
    y le dijo con voz afable y grata:
    Reconocido voy, cuanto gustoso, 485
    Carlos, de la lealtad que en vos retrata
    El desvelo mayor, y agradecido
    A lo bien que de vos estoy servido.

    El noble Genovés, que el cumplimiento
    Remite a los efectos de la obra, 500
    Poco explica su mucho rendimiento,
    Faltando al dicho, cuando al hecho sobra,
    y así entre su alborozo, y su contento,
    Su silencio el más sabio nombre cobra,
    Pues con menos retórica, que afectos 505
    Pide perdón al Rey, de sus defectos.

    Con ser tan generoso, y tan valiente
    Su ánimo liberal, que solicita
    Piadoso remedio en el que siente
    Que de consuelo el pobre necesita, 510
    El valor de su espíritu, el ferviente
    Celo quedó después de esta visita
    Como en grandeza tanta se ha animado,
    En los Reales alientos transformado.

    Animoso y alegre el gusto halaga 515
    Con haber satisféchose a sí mismo
    Sirviendo al Rey, sin otro premio, o paga,
    Contra el común usado barbarismo.
    Ni busca galardón que satisfaga
    A su fineza, de lealtad abismo, 520
    Mas del dichoso fin de su deseo,
    Donde halla triunfo, gloria, honor, trofeo.

    Su esposa nobilísima e ilustre,
    A quien el cielo dones mil reparte
    De Spinolas, y Erasos, claro lustre 525
    Espejo de virtud, ingenio y arte,
    Sin permitir, que en esta acción deslustre
    El acierto, el valor, la mayor parte
    Del cuidado, desvelo, y diligencia
    Fue de su lucimiento su prudencia. 530

    Deja, pluma ignorante, deja el vuelo,
    No intentes presunciones atrevida,
    No penetres Región donde recelo,
    Que es el riesgo menor mayor caída,
    Ni acredites delito el que es desvelo, 535
    Solicita perdón reconocida,
    Pues ves que en tu rudeza se profana
    Materia tan grandiosa y soberana.

    Inclito genovés, honor de aquella
    Famosa, cuanto noble Patria tuya, 540
    Más vana ya por ser tu madre bella,
    Que por la antigüedad gloriosa suya,
    Recibe aqueste don poca centella
    De mi afición, para que de ella arguya
    (Si bien de ciencia y agudeza faltos) 545
    Tu apacible piedad, intentos altos.

    A tu consorte generosa y clara,
    A cuya piedad mi ruego aplico,
    Por Noble, llustre, Peregrina, y Rara,
    Que admita mis borrones le suplico, 550
    Si por mujer, como mujer me ampara;
    No aspiro a premio más grandioso, o rico,
    Pues todo premio es corto a los honores,
    Que ya espero gozar en sus favores.

    Que atenta escuche de mi inculta musa, 555
    El que de nuevo a la atención registro
    Canto, aunque no en cristales de Aretusa,
    El aliento animé, cisne del istro,
    y en el verá cifrada, o mal difusa,
    Facción, que en bajo trono le ministro 560
    Al de Olivares, del Español Marte,
    En que tú no tuviste poca parte.

  • AL EXCELENTISIMO Señor Don Gaspar de Guzmán Conde de Olivares, Duque de Sanlúcar la Mayor, Camarero, y Caballerizo mayor de su Majestad, de su Consejo de Estado, Comendador Mayor de Alcántara, Capitán General de la Caballería de España, gran Canciller de las Indias, Alcaide de los Alcázares de Sevilla, y Triana, Alguacil Mayor de la Casa de la Contratación.

    EXCELENTÍSIMO SEÑOR

    La Relación de las fiestas Reales del Buen Retiro, que escribí a Sevilla, y V. Excelencia vio, me han pedido que imprima, hágolo así, y siendo V. Excelencia a quien se le deben de justicia las gracias de todo lo más admirable de cuidado, y lucimiento del asunto. También se le deben de razón todos los aplausos, en estos borrones porque saliendo debajo de la protección de su Excelentísima mano, que mil veces beso, ellos alcancen valor, V. Excelencia ejercite su piadoso oficio, y yo tenga en la Grandeza, y bondad de V. Excelencia, generoso amparo, cuya vida guarde Dios, para que en ella aumente España felicidades.
    Criada de V. Excelencia.
    Doña Ana Caro de Mallen.

    Guiada del espíritu ambicioso,
    O el deseo curioso
    Del gusto, que apetece
    Lo que en los imposibles desfallece,
    Quise ver a Madrid, Corte Española, 5
    Grandioso mapa donde se acrisola
    El valor, y nobleza,
    y en quien se deposita la grandeza
    De dos claras serenas Majestades,
    Divinas, aunque humanas deidades, 10
    Términos acortando à la jornada
    (¡Oh impulso de mujer determinada!)
    Dejé a Sevilla dulce patria antigua,
    Que en sí sus excelencias averigua
    El Betis caudaloso, y su ribera, 15
    y a mis dichas busqué segunda esfera
    En esta insigne villa
    Del orbe la primera maravilla,
    Cuya grandeza admiro y reverencio
    En las veneraciones del silencio 20
    A quien sus altas alabanzas fío,
    No al tosco ingenio mío,
    Que es aprehensión loca
    Recoger mucho mar en urna poca.
    Llegué a Madrid primero 25
    Del erizado Enero,
    Mas triste, que cansada,
    Tomé a la Red de San Luis posada,
    y a mi venida el cielo
    Salva hizo de nieve, escarcha, y hielo 30
    Por más de cuatro días,
    (Triste presagio a las desgracias mías)
    Pues que severo por la misma causa
    Puso límite, o pausa
    A su lumbre, cubriéndose de luto, 35
    y de horrores, y llantos mal enjuto,
    En su rigor me advierte,
    No que se duele de mi triste suerte,
    (Que extraña, sí, el rigor que me congoja)
    Cuantos vierte, y deshoja 40
    Jazmines y azucenas,
    Torres de plata, de cristal almenas
    Sobre la tierra destroncadas yacen,
    Muriendo fuentes, cuando flores nacen,
    Pues desatada su materia leve, 45
    Agua se mira aquí, la que allí nieve,
    Que desmentida en copos
    Da a los desnudos chopos
    De blanca tela vestidura rica,
    y sobre ellos castillos edifica, 50
    y barbacanas en fagina engasta,
    Poniéndoles de azahar escuadra casta
    Bastante a defenderlas
    Con la brillante munición de perlas,
    Que el hielo disparó en menudos ampos 55
    De Madrid, y sus campos.
    Escarchado tapete,
    Plateado pespunte de ribete,
    Que a tantos montes guarneció las faldas
    Siendo a un tiempo guirnaldas 60
    A las caducas frentes,
    Que sustentan sus cuellos eminentes
    De brutos diamantes,
    Cuyos crespos pinjantes
    Se miran hoy lucir en Guadarrama, 65
    Sin deshacerse en la flamante llama
    De más de treinta Soles,
    Que han mirado su lumbre en los faroles
    De vidrio cristalino,
    Que en sus puntas espejo les previno. 70
    Pisé a Madrid, y luego
    Un dulce natural desasosiego,
    Un afecto gustoso,
    Un gusto afectuoso,
    Un anhelo inquieto 75
    Esforzaba el amor en el respeto,
    Alentado el deseo (cosa rara)
    Por vede al Rey la cara,
    Ved lo que puede el curso
    Del natural discurso, 80
    La razón lo que puede,
    Pues en una mujer tanto se excede
    El dictamen común que nos inclina.
    Mas en vano examina
    Desvelos la ambición para este empleo, 85
    Pues burlando el deseo,
    La esperanza acobardo
    Con irse el Rey al Pardo,
    y toda la grandeza de su Corte,
    Que la condujo norte 90
    Al venturoso espacio
    De aquel Real Palacio
    Por mas de tres semanas:
    Volvió a Madrid, y halló las Cortesanas
    Voluntades dispuestas 95
    Al regocijo de tan grandes fiestas,
    Que en su ponderación parece agravio
    Mover la pluma, ejercitar el labio,
    Porque la admiración halla en su duda
    La aclamación sin voz, la lengua muda, 100
    Corta la digresión; necio el dictamen,
    Ciego el discurso, el genio sin examen,
    Mas aunque no conforme
    A la grandeza suya aqueste informe,
    Mi Musa por mayor, con tosca pluma 105
    Cantará lo menor en breve suma.
    El Conde Duque Ilustre de Olivares,
    A quien erige altares
    La fama, y como ejemplo
    De mérito y virtud, es en su templo 110
    Idolo a quien venera
    Por maravilla de piedad primera,
    A cuyo sacro bulto
    Aun la pálida envidia ofrece culto
    En sus dichas corrida, 115
    En su celo oprimida,
    En su valor postrada,
    En su cristiano afecto despechada,
    En su ingenio despierta,
    Triste en sus obras, en sus glorias muerta. 120
    El Guzmán valeroso
    Tantas veces famoso,
    Cuantas su merecer ha laureado
    Su estudioso cuidado,
    Su celoso desvelo, 125
    Polo firme en que el cielo
    De nuestra España estriba,
    Y a su máquina altiva
    Sirve Olimpo eminente,
    Cuyo entender prudente, 130
    Fiado en la grandeza de su dueño,
    Ha sido a la corona desempeño,
    Ha sido al mundo asombro,
    Atlante cuyo hombro
    En fuerza y en valor Atlante afrenta, 135
    Y más firme sustenta
    Con esfuerzo gallardo y peregrino,
    Del orbe cristalino,
    El peso inmenso de su real cumbre,
    Y siendo de su lumbre 140
    Segunda causa predomina efetos,
    Escudriñando sabio los secretos
    De las sacras benévolas estrellas,
    De cuyas fijas influencias bellas
    Con aciertos científicos reparte, 145
    Premiando la virtud en toda parte
    Y sin que opuesta emulación lo estorbe,
    Del mayor, del más alto Rey del Orbe
    Se ve feliz hechura,
    En quien lucir procura 150
    La fuerza de su brazo poderoso,
    Temido siempre, siempre vitorioso
    En todo el Hemisfero,
    Cuarto en el nombre, en el valor Primero,
    Felipe el Grande, a quien alegre llama 155
    Su misma heroica fama,
    Hija de sus acciones invencibles,
    César de los mayores imposibles,
    Que con mayor renombre
    Apenas llega el rayo de su nombre, 160
    Cuando haciendo que. César se avergüence,
    Todos los atropella, rinde, y vence,
    De cuyas altas glorias .
    Láminas son felices las memorias,
    Para que eternas en su acuerdo vivan, 165
    y en desvelos, y estudios le aperciban
    De aplausos bien seguros
    En los siglos futuros
    Laureles inmortales,
    Que ilustren los anales 170
    Contra el común olvido,
    En todo al velo humano tan mentido,
    Que desmentidos en lo soberano
    Los indicios de Humano,
    Divino se acredita, 175
    y fénix en sus glorias resucita
    De sus antecesores
    Las grandezas mayores,
    Las gracias dilatadas,
    Que en tanta Majestad se ven cifradas 180
    En el grado mayor, más excesiva,
    Como en su propio archivo,
    Rey el Mayor de los humanos Reyes,
    Que a todos pone leyes,
    y con grandeza tanta 185
    Al ingenio divino se adelanta
    De su glorioso abuelo,
    A quien tan justamente llama el suelo
    Inclito, y sabio Salomón segundo,
    y más claro en las ciencias, más profundo 190
    Se añade de virtudes el compuesto,
    Donde se mira cuidadoso el resto,
    Con que al formarle quiso
    Mostrar el cielo prevención, y aviso
    Donde se advierte el arte sin cuidado, 195
    Donde se ve el valor con desenfado,
    Sin afecto la gala
    Tan airosa, que sola ella se iguala,
    Acrisolando gracias tan discretas,
    Virtudes tan perfetas, 200
    y perfeciones tales,
    Como lucen iguales
    En su grave caricia,
    Su piadosa justicia,
    Su templada prudencia, 205
    Su fuerte resistencia
    En quien la Iglesia halla firme amparo,
    Fuerte, Invicto León, y Sol preclaro,
    Que en fus fulgores baña
    No solamente a España, 210
    Pero del Norte, al Sur, de Batro, a Tile,
    Sin haber astro, o luz que no aniquile
    La fuerza de la suya,
    Porque su claro resplandor se arguya,
    Pues por antonomasia 215
    Rayo de Africa, y Asia
    Le tiembla el enemigo,
    Llora el Galo corrido en el castigo,
    Teme el Belga su daño en la evidencia,
    Flaco siente el Sueco la experiencia, 220
    Triste gime el rebelde el desengaño,
    El Hereje confuso acusa el daño
    Ambicioso trofeo de su arte,
    Mas dejando paréntesis aparte
    Digo, que el Duque de Sanlúcar noble, 225
    Para lucir al doble
    De su leal cuidado los quilates,
    Pues ya le mira el mundo fiel Acates,
    De Eneas más piadoso,
    Si de Alejandro no, más poderoso,
    Efestión más caro
    Desempeñando su renombre claro
    En esta fiesta intenta,
    Que la desposición esté a su cuenta,
    y ansí para lucilla 235
    Llamò a don Juan de Castro y de Castilla,
    Corregidor, y Conde de Montalvo,
    De quien pudo fiar muy a su salvo
    Cuidado y prevenciones
    Con la satisfacción de sus acciones, 240
    O con la aclamación de sus aciertos
    En todo tan activos, tan despiertos,
    Como se mira en tantas experiencias,
    A costa de incansables asistencias
    Hijas de su cuidado, 245
    También afianzado
    En los Reales servicios,
    Que juzga a desperdicios
    Las horas que no asiste de algún modo
    Su desvelada voluntad a todo, 250
    Sin perder un instante
    De tiempo en lo importante
    De prisa, en lo forzoso,
    y venciendo su celo a su reposo
    Solamente se cansa, 255
    Cuando incansable alguna vez descansa,
    y cuanto sus afectos cuerdos obran,
    Sus alabanzas en efetos cobran
    Justas aclamaciones,
    Logrando aplausos de las atenciones, 260
    Que le anotan del tiempo en el registro,
    Por el mayor Ministro,
    Que ha sustentado al doble
    En el gobierno de esta Villa noble,
    En los Consejos de Hacienda y Guerra, 265
    Como quien tan heroica sangre encierra,
    Valor, prudencia, y celo,
    Tal es la prontitud de su desvelo.
    Mandóle su Excelencia el Duque Conde,
    Sabiendo cuan altiva corresponde 270
    Su voluntad, a su obediencia expuesta,
    Que de esta grande fiesta
    Asistiese al cuidado.
    Fue el primero motivo haber llegado
    La divina Francesa, 275
    De Cariñán Princesa,
    De nuestra Reina prima,
    A quien el Rey estima,
    y festeja la Corte,
    Dignísima consorte 280
    De Tomás de Saboya.
    Aqueste regocijo más apoya
    El general aplauso, y alegría
    De que a Fernando invicto Rey de Hungría
    Con lauros soberanos 285
    Alemania eligió Rey de Romanos,
    Coronación feliz, elección alta
    Con que la Fe Católica se exalta,
    Tan deseada del Monarca Augusto,
    Que bien fueron premisas de su gusto, 290
    De su alegría pruebas,
    Que una noche Madrid (venturas nuevas)
    Viese sin nubes de su día el giro.
    Mandó el Conde allanar junto al Retiro
    Una agradable plaza, 295
    En cuya grande y espaciosa traza
    Se vía desde afuera
    Una Troya murada de madera,
    Que en el primor, y altura inaccesible
    Fue al crédito imposible 300
    Su vista milagrosa,
    Tan fuerte, tan vistosa,
    Que bien pudo ella sola en la apariencia
    Intimarse a sí misma competencia,
    De las dudas hallado desembargo. 305
    Tuvo de largo a largo
    Docientos y noventa
    Pasos, y otros docientos y cincuenta
    Ocupaba el través de su medida,
    Juridicción grandiosa y extendida, 310
    Donde la vista zozobraba objetos.
    Perdiendo los afectos
    De las especies vivas,
    Desvaneciendo el tino, y las visivas
    En la misma grandeza prodigiosa, 315
    Cuyo cuerpo, o cabeza montuosa
    Se coronaba de murallas nuevas,
    Que envidiarlas pudieran las de Tebas,
    Fundadas con armónica dulzura,
    Si en la igualdad consiste la hermosura 320
    De las correspondidas perfecciones.
    Ilustrábanse en torno de balcones
    Donde estaba obediente y ajustada
    La madera labrada
    A la fuerza del arte, y sus primores 325
    Pintados corredores
    De plata, de carmín, azul y oro,
    Daban a su hermosura más decoro,
    y de cercas, y lejos
    Mentía la verdad en los bosquejos 330
    De los mismos pinceles
    Desempeños fieles
    Del arte, diestra en naturales robos,
    De trecho a trecho con dorados globos
    Los balcones el sitio terminaban. 335
    Sobre la superficie se miraban
    Con primor y agudeza retratados,
    Copia de mascarones plateados,
    O cabezas de focas,
    Que abriles inundaban por las bocas 340
    De flores contrahechas,
    Con artificio hechas
    Se miraban iguales
    Desde los pedestales
    En orden divididas, 345
    Gradas a la fachada bella unidas
    Para servir de asiento
    Al pueblo, y de embarazo alegre al viento.

    A nuestra Serenísima alta Reina, 350
    Que justamente en nuestras almas reina,
    Del Sol de España Aurora,
    Que su Horizonte claro argenta y dora.
    Balcón se le previno
    En la frontera del Doctor Divino, 355
    Por ser la parte donde
    La puerta principal se corresponde:
    Este se vio adornado
    De oro, seda, y brocado,
    y tan vano el brocado, el oro y seda,
    Que no hay tesoro que igualarlos pueda, 360
    Pues alcanzan soberbio valimiento
    Sirviendo al Alba de dorado asiento,
    En cuyas ambiciones
    Logró su vanidad estimaciones.
    Alli libró el aseo 365
    Admiración y escándalo al deseo,
    Que ignora, o duda tantas maravillas.
    Doradas barandillas
    Guarnecen el balcón precioso en torno,
    Sirviéndole de adorno 370
    Resplandecientes marcos de cristales,
    Porque los celestiales
    Soles miren por ellos,
    De su divina luz átomos bellos.
    Sobre este feliz trono 375
    De aquel sacro fulgor que ha sido abono
    Generoso de Francia
    Honor de las mujeres, y arrogancia
    De los pinceles de naturaleza,
    Que perfetos se ven en su belleza. 380
    Con divina armonía
    Un espacioso círculo se vía,
    O pintada cartela
    Donde un sol hace a un mundo centinela
    Con poderosos rayos, 385
    Sin que nubes le turben con desmayos,
    Sin que horrores se opongan a su lumbre.
    Desde su altiva cumbre
    Bañaba de esplendor el Orbe entero
    Indice verdadero, 390
    Que el sentido interpreta,
    Pues deste Cuarto celestial Planeta
    De España gran Monarca,
    Tanto la lumbre soberana abarca,
    Que aun hasta el clima más distante llega. 395
    y como el Sol visita la Noruega
    Después de haber llegado
    De la Equinocial al sitio helado
    Por el sitio de oscuros arcaduces,
    y la llena de gozo con sus luces, 400
    Así este Cuarto Sol claro Filipo,
    Cuyo rayo anticipo
    A todos los de Apolo,
    Por excelso, preclaro, grande y solo,
    Si se ha mostrado acaso 405
    En alumbrar escaso
    Nación alguna, bárbara y resuelta,
    El darà presto al Equinocio vuelta
    Por los opuestos ejes
    Domando ingratos, sujetando herejes. 410
    Entre las lineas, luces, y reflejos
    Del sol de esta tarjeta, y sus espejos,
    Cambiante se penetra
    Lustral, et fovet, por enigma, o letra.
    Sirvénle a la tarjeta por los lados 415
    De corona, unos globos plateados,
    y llenos de ambiciosas presunciones
    Se miran de las Damas los balcones
    Cubiertos asimismo de oro y seda,
    Sin que la vista pueda 420
    De lo rico, o lo hermoso
    Distinciones hacer con el curioso
    Discurso, antes en vano
    Por lo divino, se fatiga humano.
    Sus fachadas guarnecen 425
    Unas tarjetas donde resplandecen
    De nuestro Rey católico grabados,
    Heredados blasones, y ganados,
    Sujetos a su nombre sin segundo,
    De los Reinos de España, y nuevo mundo, 430
    Que descubrieron con valor bizarro
    Cristóbal de Colón, Cortes, Pizarro.
    Anunciando alegrías
    Domingo de Febrero a quince días
    El festín se ordenó, para que viera 435
    Madrid toda la esfera
    Con que se adorna el celestial zafiro,
    Reducido a la plaza del Retiro.
    Hízose aquella tarde
    De lo rico y hermoso grave alarde, 440
    Gustosa confusión, buscado sitio,
    Apacible inquietud; penado gusto,
    En el sitio agradable se miraba
    Golfo donde la Corte navegaba,
    Cuando perdiendo el curso, 445
    El paso se anegaba en el concurso
    De la infinita gente,
    Sin poder tomar fonda, ni corriente.
    Viéronse a un tiempo vanas
    Felizmente ocupadas las ventanas 450
    De galas, y hermosura
    En quien varia procura
    Mostrar naturaleza los primores
    De sus pinceles, tablas, y colores.
    La Reina, y la Princesa, 455
    Candores puros de la Lis Francesa,
    En el real balcón resplandecían,
    y a su lumbre asistían
    Nuestro Príncipe tierno, a quien el cielo
    Guarde para consuelo 460
    De España, que se goza en sus cariños,
    y los Infantes Saboyanos, niños,
    Si bien claras estrellas
    Junto al Sol de Castilla menos bellas.
    Las Damas de la Reina en sus asientos 465
    Fueron prisión de libres pensamientos,
    Pues la menos hermosa
    Pudo ser competencia de la Diosa,
    Que en premio gozó ufana
    De Paris la manzana, 470
    Causa de la discordia más sangrienta,
    Incendios al Ilión, a Grecia afrenta.
    En orden los Consejos se seguían,
    A quien correspondían
    Todos los Nobles de la Villa toda, 475
    Número innumerable se acomoda
    En los varios asientos inferiores
    A las gradas mayores,
    Cuya vista hermosa
    Gruta parece, o selva montuosa, 480
    Que sublime obelisco
    Se presenta de lejos bello risco
    Entre cuyos escollos
    Ambulantes pimpollos,
    Leves bultos retratan, 485
    Cuando por la gran plaza se dilatan,
    Dando evidentes señas
    De troncos vivos, de animadas peñas,
    O pizarras, en cuyo movimiento
    Se duda lo sensible, por lo atento, 490
    Donde el silencio gustos recompensa.
    La muchedumbre inmensa
    De gente es indecible,
    y así dejo a una parte este imposible,
    Cuando tantos, o rudo ingenio hallas. 495
    Terminaban la plaza azules vallas,
    Y toda junta en torno
    Se vio al anochecer con el adorno
    De mas de diez mil luces, que en faroles
    Si juraron de estrellas, fueron soles, 500
    En alumbrar el sitio,
    Porque el dorado pitio
    Quiso librar en ellos
    Actividades de sus rayos bellos,
    y así en tal alegría 505
    No hizo falta el día,
    Antes con mayor sobra
    Lució la perfección de aquella obra.
    Cada grande farol en sus cristales
    Ostentaban de luz cuatro fanales,
    Alternando con bellos resplandores,
    Entre cada dos grandes, tres menores,
    Que la plaza alumbraban,
    Y toda su muralla coronaban
    Con diadema luciente, 515
    Iris de tempestad resplandeciente,
    Que está serenidades anunciando,
    Esplendores girando.
    Cuatro candidas hachas, o blandones
    Dividen los balcones 520
    Con tal concierto y arte,
    Que un cielo se miraba cada parte,
    Y antorchas bellas, cuatro en cada uno,
    Lucientes ojos del pavón de Juno.
    Circundaban a trechos 525
    Golfos de luces hechos,
    Piélagos claros de esplendor, adonde
    El alba corresponde
    De su luz los celajes,
    Que de llamas, plumajes 530
    Fueron piramidales maravillas,
    Numerosas cuadrillas
    De luceros brillantes,
    o preciosos diamantes,
    Que en distinción de trece blancas velas 535
    Mediaban las cartelas
    Con que la plaza términos divide,
    y sitio a todas las cuadrillas mide
    Con igualdad perfecta,
    Mostrando en la tarjeta 540
    Cifrado un mote todo cuadrillero.
    El Rey nuestro señor, que fue el primero,
    En su cartela tuvo por divisa
    Un claro Sol, que los fulgores pisa
    De una argentada nube, 545
    y felizmente sube
    A su esfera bizarro,
    Debajo estaba de Faetón el carro,
    A quien tiran briosos
    Cuatro rayos fogosos, 550
    O caballeros ligeros,
    Aun en la misma fuga lisonjeros,
    Con alborozo y priesa
    Lustrat, & fovet, puesto por impresa.
    El Conde Duque en dos cuadrillas muestra, 555
    De su heroico valor la gala diestra.
    Y así aunque en letras, mudos
    Tuvo dos jeroglíficos, o escudos.
    En el primero estaba
    La bella flor de Clicie, que buscaba 560
    Su sol con vueltas fieles,
    A quien hacían sombra dos laureles,
    Transformación altiva
    De aquella ninfa esquiva
    Por quien Apolo amante se desvela. 565
    La segunda cartela
    Entre mudo ruido
    Mostraba un mar furioso embravecido,
    y un gran peñasco enmedio,
    Opuesto de tormentas al asedio, 570
    Que firme se ostentaba,
    y del árbol de Palas se amparaba.
    Pintó el Duque de Hijar, porque vean
    Su fuerza y su valor cuan bien se emplean,
    Una serpiente fiera venenosa, 575
    Hidra de siete formas envidiosa,
    y un león con espada
    De fuego, la derecha mano armada,
    Severo castigando sus fierezas;
    Una de las cabezas 580
    En la otra mano, y este mote impreso:
    No sin dificuItad, mas no por eso:
    Tuvo el cuarto lugar en esta lista
    El Conde Albadelista,
    y entre pardos nublados 585
    De horizontes, en púrpuras bañados,
    Unos rayos pintó, que se atrevían
    A unos verdes laureles, que oponían
    Sus hojas al furor de sus ensayos,
    Por letra: Libréme de tantos rayos, 590
    y corone después a quien quisiere.
    El de Oropesa en su tarjeta quiere
    Pintar de tierra copia no pequeña,
    En frente de una peña
    A quien tira una mano 595
    Un arpón inhumano,
    Saliendo de la peña la corriente
    De una copiosa fuente
    Deshecha en cristal terso,
    Por letra escrito este latino verso: 600
    Nec vulnus, nec vestigium.
    En espacioso cielo,
    sin otro mote, letra, nube o velo,
    Cifra, o enigma alguna,
    El de Miranda retrató una Luna. 605
    Don Luis de Haro pinta
    En carrera sucinta
    Un ligero caballo,
    Que los del sol pudieran envidiallo
    En lo brioso voladora pluma, 610
    Fuego alentando y animando espuma.
    Tuvo don Juan de Castro y de Castilla
    De una de las cuadrillas de la villa,
    El gobierno y cuidado,
    Mostrando en la cartela retratado 615
    El blasón que la honora.
    El de Cusano en su tarjeta dora
    Las armas de Peralta y Barrionuevo.
    El de Pastrana con disignio nuevo,
    Dibujò en la cartela que le toca, 620
    Un mar que embravecido se provoca
    Del uno al otro extremo,
    Letra: In mobilis nemo.
    El Condestable muestra
    Pintado un cazador, que un perro adiestra 625
    Al opuesto horizonte,
    Sin letra. El Conde de Tendilla un monte
    Cubierto de celajes,
    Que doran de su punta los plumajes,
    y esta letra que al monte corresponde, 630
    Montis ad instar. De Daroca el Conde
    Hizo a la empresa con sus armas salva.
    Las mismas puso el Conde de Villalba.
    El del Carpio pintado
    De la Guarda un soldado, 635
    Que animoso se atreve.
    Tuvo el Conde de Riela enigma breve,
    Dando a la inteligencia más desvelo,
    Que fue sin letra, un cielo
    Con una clara estrella. 640
    Oposición se vio la plaza bella,
    Del claro pavimento,
    Adorno del octavo firmamento.
    Examinar procura
    La admiración, o el gusto en su hermosura, 645
    Las que ve novedades,
    Mira de luz doradas tempestades,
    Que están retrocediendo (asombro nuevo)
    Rayos, y lumbre a Febo,
    Cuando resplandeciente 650
    Llega al Cenit ardiente
    Ceñido de brillante argentería:
    Tanta fue la que ardía
    Cera, en aquella máquina vistosa,
    Producción de familia cuidadosa, 655
    Que parece que ha estado
    Largos años su estudio desvelado
    En el cansancio, o laborioso oficio
    De su dulce artificio,
    Donde halla su trabajo recompensa 660
    Por dar en copia inmensa
    Al apacible coche
    De tan alegre noche,
    Para que en su milagro se deslumbren
    Astros, luces, estrellas que le alumbren. 665
    Miróse desde afuera
    La anchurosa carrera,
    Llena de luminarias,
    A quien el mismo Sol pagaba parias.
    Del Doctor San Jerónimo la puerta 670
    Se miraba cubierta
    De vidros cristalinos,
    Entre cuyos espejos peregrinos
    Vio la primera. muestra
    Isabel soberana, Reina nuestra, 675
    Que todo el cielo en su beldad retrata.
    De casa salió el Rey de Carlo Strata
    Genovés generoso, ilustre, y rico,
    La liberalidad no significo
    Con que a su Majestad sirvió en su casa, 680
    Su voluntad no escasa,
    y su amor no cobarde,
    Solo digo, que hizo franco alarde
    Con magnífica mano
    De fiel vasallo del Monarca Hispano. 685
    Tras del Rey se dilata por la calle
    Un escuadrón bizarro, que envidialle
    El de Jerjes pudiera, y en ruidos
    Que en el metal formaron impelidos
    Aliento, fuerza, y arte: por los vientos 690
    Se escucharon alegres instrumentos
    De armonía dulcísima y extraña.
    La distante campaña
    Volvía duplicados
    Los acentos suaves concertados; 695
    Repitiendo en los cóncavos y huecos
    El horror agradable de sus ecos,
    Con acordes confusas alegrías,
    Que hacían atabales, chirimías,
    Trompetas, y sonoros 700
    Clarines, divididos cuatro coros
    La plaza suspendieron.
    Tras a ellas se siguieron
    Los Grandes, que apadrinan,
    y el acierto examinan 705
    De este bello festín, o encamisada,
    Entran en la palestra, o estacada,
    El paso disponiendo en breve instante,
    Uno fue de Castilla el Almirante
    Enríquez sin segundo, 710
    El de Esquilache Príncipe, el segundo,
    Que el Borja ilustre toma,
    y don Carlos Coloma
    A quien sigue con gala, y gracia nueva
    El fijo norte, que tras si se lleva 715
    Con paso errante, y movimientos graves
    Tantas ligeras coronadas naves,
    De garzotas, penachos, joyas, plumas,
    Que entre golfos de espumas,
    O diluvios de antorchas encendidas: 720
    De plata y negro jarcias dan lucidas
    A sus fustes gallardos,
    Penetraron la plaza poco tardos,
    Siguiéndole veloces a porfía,
    El cual bizarro a todos excedía, 725
    Como excede el clavel las flores bellas,
    La Luna a las Estrellas,
    Al junco débil, el laurel triunfante,
    Al cristal, el diamante,
    Al jazmín, el narciso, 730
    y al humilde arrayán, el cipariso.
    El hermoso animal, el vivo monte,
    Que condujo mejor Belerofonte,
    Con más ligero paso
    Al sublime Pamaso 735
    Donde por excelencia
    Se ven mil fuentes de Elicona ciencia,
    En ardimiento, talle, y gallardía,
    Rayo monstruoso fue de Andalucía,
    A cuyos pies y manos prestó Tetis 740
    Su blanca espuma, y dio cristal el Betis
    Por alimento puro,
    Color castaño oscuro,
    Cadera gruesa, pecho dilatado,
    De cola, y clin poblado 745
    En tan grandiosa copia,
    Que el solo pudo ser pintura propia
    De su rara belleza,
    Brío, ardor, hermosura, y ligereza,
    Su presta huella, su pifar valiente, 750
    Relámpago le miente,
    Le introduce cometa,
    La boca que alacrán dorado aprieta
    Fuego al aire exhaló, bebiendo nieve,
    Que este buen gusto, al de su dueño debe. 755
    Lleno de vanidades, y de galas
    Dos elementos desmintió con alas,
    Y primores lozanos,
    Afirmando galán sobre las manos
    En la carrera larga 760
    La soberana carga,
    A darle gusto atento,
    De quien con sosegado movimiento
    Vano gloriosamente vio oprimido,
    Su orgullo enfurecido, 765
    Pues en la acción menor, y al menor paso
    Se llevaba de paso
    Al paso de su brío, y sus acciones,
    Almas, y corazones,
    Que le rendían victoriosas palmas, 770
    En cada acción mirando tantas almas,
    Tal gracia en el donaire,
    Tan firme el brío, tan airoso el aire.
    Opuesto en su cuadrilla el Duque Conde,
    A la de nuestro César corresponde, 775
    Repartiendo la plaza
    En la conforme traza
    De una compuesta igual escaramuza,
    Que en laberintos todo el sitio cruza
    Con agradables lazos, 780
    Sin hazerse embarazos,
    Ni estorbarse del paso los alientos,
    siendo en grandioso número docientos:
    Padrinos, cuadrilleros, y cuadrillas
    En quien notó el cuidado maravillas 785
    De perfección, y gracia más que humana.
    El Conde Duque, el de Hijar, y Pastrana,
    Condestable, Oropesa, Carpio, y Haro,
    Con todos los demás, asunto claro,
    Aquesta noche dieron a la fama, 790
    Que en voces altas su alabanza aclama.
    De la plaza salieron, y entretanto
    La entró a ocupar un ruidoso espanto,
    Un asombro agradable y apacible,
    Máquina poderosa inaccesible, 795
    Que repartía en dos iguales carros
    Triunfantes, y bizarros,
    La admiración, y el gusto,
    y de la oscura noche el manto adusto,
    Volvía ardiente clima, 800
    Tanta la lumbre fue que los anima,
    Su bella arquitectura,
    Su inaccesible altura
    Ofrece a letra vista
    Dos bellos promontorios a la vista 805
    Adonde placentera
    Cedió la floreciente primavera
    De su pompa agradables señoríos,
    De sillas se llenaban sus vacíos,
    De lo inferior a las distantes puntas, 810
    Que se vieron tan juntas
    Al puro resplandor de las estrellas,
    Que ensayaron su lumbre en sus centellas,
    y nuevos Prometeos,
    Alentando sacrílegos deseos, 815
    (o la ambición, o la codicia alabo)
    Arder se vieron firmamento otavo,
    A cuya perfección correspondía
    La agradable armonía
    De concertadas voces, 820
    Cuyos acentos dulces, y veloces
    Fueron envidia al Tracio
    Con vagaroso espacio
    Humildes, y obedientes
    Tiran veinte animales, cuyas frentes 825
    La plateada media Luna sella,
    Susto de Europa bella,
    Cada uno de sus bultos excesivo,
    Torre portátil, Capitolio altivo,
    y con paso halagüeño 830
    Dieron vuelta al espacio no pequeño
    De la grande palestra,
    Cuando su Majestad volvió hacer muestra
    De las serenidades de su cielo,
    Dando nuevos motivos al desvelo 835
    De aclamación, y vítores gloriosos,
    (Emulos apacibles y briosos)
    Siguen la huella, o el airoso brío
    De un rucio, que presenta desafío
    A los que al Joven de las nueve hermano 840
    Dieron tumba en cristal del Eridano.
    Del claro Sol de España los Planetas
    Voladoras cometas,
    Que la esfera a la tierra trasladaban
    Las errantes antorchas que llevaban 845
    A un mismo tiempo juntas en la plaza,
    o diluvio amenaza
    Con pluvia de esplendores todo el suelo,
    O le ha hurtado al cielo
    De su máquina bella 850
    De la mayor, a la menor estrella,
    Según cambian lucientes
    Llamas resplandecientes.
    Juntos corren de nuevo
    A emulación de Febo, 855
    Cuando el curso apresura entre arreboles
    Carreras, lazos, vueltas, caracoles
    La plaza dividían,
    y animadas montañas parecían,
    A quien apenas ha igualado el viento 860
    Aun siendo tan fugaz su movimiento,
    Ya se esparcen, se juntan, y dilatan,
    Y la más dulce confusión retratan,
    Que desear pudieran los sentidos,
    Viíores a millares repetidos 865
    El aire suspendían
    Cuando de cerca al gran Felipe vían
    De sus vasallos por diversos modos,
    Viéndole en todo superior atodos
    Con gracia tan inmensa,
    y aquestas voluntades recompensa
    Con apacible agrado,
    Con agradable, airoso desenfado
    A quien lisonjeaba
    (por Dios) la misma antorcha que llevaba 875
    De suerte que en su mano
    Fue un incendio de lumbre soberano,
    Que a las de todos excedió brillante,
    Rayo al fin de aquel Júpiter tonante.
    Diose fin a esta fiesta, 880
    Dejando otra dispuesta,
    Que se ejecutó luego,
    De entretenido juego,
    Que da de ingenios claros, claro indicio,
    Ajustado en el Cómico ejercicio, 885
    Dando por largo rato
    Diversiones al gusto de barato,
    Sin que estuviesen aquel tiempo ociosos
    Los carros prodigiosos,
    Que en asientos triunfantes 890
    Fueron teatro a los representantes
    Bailes, torneo, música suave.
    Quiso su Majestad echar la llave
    A todo lo posible,
    y con rostro apacible 895
    Después de los festines, y las danzas,
    Quebró en el estafermo cuatro lanzas
    De las vallas adentro,
    Que no hay quien baste a resistir su encuentro.
    El Conde Duque, el de Híjar, y más Nobles, 900
    Aunque vencidos en las armas dobles,
    Con que ostentaba el Rey su fuerza diestra,
    Dieron también de sus valores muestra
    Imitando briosos
    Los de su acierto airosos 905
    Pasos en sus acciones alentados,
    Con tanta gallardía ejecutados.
    Después de aquesta fiesta, los más días
    Hicieron infinitas alegrías
    De esta Corte los Numas, los Pompeyos, 910
    Grandes, Títulos, Nobles, y Plebeyos,
    Toros, rejones, máscaras, disfraces,
    Bien a mostrar capaces
    El gran poder del gran Monarca Augusto.
    Todo ha sido alegrías, todo gusto, 915
    Todo ruido y gozo,
    La inmunidad valiendo del embozo
    Hasta en las mismas Damas,
    Que cubriendo con máscaras sus famas,
    En caballos ligeros
    Fueron de amor arpones lisonjeros, 920
    Disparando derechas,
    Si él los ojos veneno, al alma flechas.
    Cifras, y galas dejo
    De las máscaras graves y gracejo 925
    De las de juego y chanza,
    Para nuevo discurso, si éste alcanza
    Por lo humilde, y modesto de mi intento,
    En la atención del gusto valimiento,
    Si bien para decir las invenciones, 930
    Las varias, y lucidas elecciones,
    Las riquezas, el gasto, y bizarría
    Con que ostentó esta Villa, Primacía
    De los Reinos mayores,
    De sus ilustres nobles Regidores 935
    Los ánimos valientes,
    Con excesos prudentes,
    Donde por varios modos
    Fueron excesos todos
    En riquezas, y aseos, 940
    Adelantando el gusto, y los deseos
    Francos, y liberales
    A la juridición de sus caudales,
    Bien era menester mayor acierto,
    Más dulce estilo, ingenio más despierto. 945
    Mas en tanta alegría, fiesta, y ruido,
    Lo que mejor, más bien ha parecido
    Es la heroica deidad de este Rey hombre,
    Que infunde amor con sólo oír su nombre,
    y sin ser Dios, sujetos 950
    Tiene del alma todos los afectos
    Con fuerza soberana,
    Divinamente humana,
    Con generoso imperio.
    Pero que mucho si en el Hemisferio 955
    De donde el sol se pone, adonde sale,
    No hay otro que le iguale
    En talle, y perfecciones,
    En ciencia, y discreciones,
    En gala, y bizarría, 960
    En gracia, gentileza, y gallardía.
    Goce pues justamente
    Del Ocaso, al Oriente
    Sujetos de su imperio, al Real decoro,
    Cuantos del Sol la cabellera de oro 965
    Reinos peinar han visto
    Del Polo opuesto, al Polo de Calisto,
    En dorada carroza,
    Pues de justicia su valor los goza,
    Que a ser el mundo entero 970
    Mío, sè de mi afecto verdadero.
    Que a sus pies le rindiera,
    Y no el mayor trofeo aqueste fuera,
    Pues desde que animar supe la vida,
    Se la ofrecí con alma agradecida 975
    A mi leal deseo,
    Que hizo en adorarle justo empleo.
    De prolijos acusa
    Estos versos mi Musa,
    Y por no dar a su caudal alcance, 980
    Paso a los asonantes de un Romance
    El vuelo de mi pluma
    Que cero intenta ser de tanta suma.

  • A LA MUY NOBLE, llustre, Insigne, Leal, y Coronada Villa de Madrid.

    Nobilísima y generosa Villa.
    Al cabo de los años mil incitó mi deseo a mi humildad, alentando lo desflaquecido del ánimo, en las grandiosas acciones que V. Señoría cada día ejerce con los desvalidos y pobres, de quien es piadosa madre: y principalmente en la bizarría, y gallardo ánimo con que en las Reales fiestas del Buen Retiro mostró cuán generosamente se corona Reina de todos los del Orbe: y así aunque tarde ofrezco a V. Señoría esta pequeña parte de mi mucha afición. Suplícole, por de mujer, reciba el don afectuoso, como tan generosa, admitiéndole (aunque desigual) con la disculpa de tan heroicas acciones, pues por serio carecen de ponderación, Dios guarde a V. Señoría con sumas felicidades, logradas en la vida de nuestro gran Rey Felipe Cuarto, para que en su grandeza se aumenten las de V. Señoría.
    De V. Señoría servidora.
    Doña Ana Caro de Mallen.

    Farol hermoso del cielo,
    Del día luciente antorcha,
    Sacro Padre de las Ciencias,
    Que en las Academias doctas
    Como Presidente asistes 5
    A su ejercicio: y vosotras
    Caliope, Erato, Euterpe,
    y cuantas en la Elicona
    Fuente bebéis, y vivís
    En sus sagradas alcobas, 10
    Inspirad aquesta vez
    Con facundia numerosa
    De asonantes mi concento,
    Y pues me valgo de todas,
    No permitáis que fallezca 15
    El caudal de nuestro Idioma
    En las escasas noticias
    De mis descripciones cortas.
    Antes haced que se logren
    Con aclamación dichosa 20
    En los comunes aplausos,
    Que tantas dichas mal logran,
    Tantos estudios deslucen,
    Tantos alientos acortan,
    Tantos desvelos desprecian, 25
    Tantos gustos desazonan.
    Al imposible me arrojo
    De un mar, donde ya zozobra,
    Pobre barquilla el ingenio,
    Playa a playa, costa a costa, 30
    Sin lastre el entendimiento,
    Y de la popa a la proa
    Desarbolado su fuste,
    Sin acuerdo la memoria
    El daño cierto en el riesgo, 35
    Ignorada la derrota,
    Sin prevención el discurso,
    Sola la voluntad, sola,
    Fácil vela a tanto golfo,
    Leve espuma a tantas olas, 40
    En los miedos atrevida,
    En los alientos medrosa,
    Animosa en los peligros,
    En las humildes pronta,
    La dificultad advierte, 45
    Y al imposible se arroja.
    Por sucesos de Alemania
    Felicidades prorroga
    Aquel Paraninfo alado,
    Que novedades informa 50
    Nuncio de varios sucesos,
    Y de un vuelo al aire corta
    Trayendo a España la nueva,
    Más nueva, y más venturosa
    En sus lenguas, que publican 55
    Al son del clarín, o trompa,
    De estruendos y novedades,
    La coronación gloriosa
    De Fernando, Rey de Hungría,
    Que ya de Romanos goza 60
    La sagrada investidura,
    La soberana corona,
    Adquiriendo en su elección
    La Cristiandad laureolas.
    Para aplaudir estas dichas 65
    Toda Madrid se alborota,
    Toda España se previene,
    Todo el Orbe se convoca:
    Pero que mucho, si miran
    Triunfar con altivas pompas 70
    Las dos Aguilas de Austria,
    Invictas, y vencedoras,
    Cuyos generosos picos
    Tantos rebeldes destrozan,
    Tantos enemigos rinden, 75
    Tantos orgullos mal logran,
    Tantos vanos atropellan,
    Tantos ambiciosos doman,
    Tantos soberbios destruyen,
    Tantos obstinados postran, 80
    Negros grifos despedazan,
    y blancas Lises deshojan.
    El gran Felipe y Fernando,
    Que en un mismo ser conforman
    Leones, y águilas sacras, 85
    y en dulce paz acrisolan,
    Celo, sangre, y hermandad
    Contra las oscuras sombras
    Del horror, para que sean
    En triunfos, dichas, vitorias, 90
    Los leones alemanes,
    Las águilas españolas.
    En cuya unión asegura,
    En cuyos imperios goza
    Altos trofeos la paz, 95
    La guerra felices glorias,
    La Iglesia fuerzas sublimes,
    (porque en sus hombros apoya
    El eminente edificio
    De su incontrastable roca) 100
    Dulces colmos la Esperanza,
    La fe ilustre ejecutoria,
    El Austria eternos honores,
    España inmortales honras,
    Nuevas dichas Alemania, 105
    Nuevos motivos la historia.
    Llegó pues la fama a tiempo,
    Que prevenciones grandiosas
    Se hacían a la entrada
    En Madrid, de la señora 110
    Princesa de Cariñán,
    Clarísima, y bella esposa
    Del gran Príncipe Tomás,
    Hermano del de Saboya,
    De regocijos, y fiestas, 115
    y así de un golpe se logran
    Dos gustos en los aplausos,
    Dos dichas en las lisonjas.
    La Villa llustre, Madrid,
    Cuyos timbres se coronan 120
    De más blasones que Grecia,
    De más grandezas que Troya,
    De más laureles que Atenas,
    De más trofeos que Roma,
    De sus Regidores nobles 125
    Juntó la lucida tropa,
    Para darle parabienes
    A la Majestad heroica
    Del gran Felipe, que el Pardo
    Estancia alegre de Flora, 130
    Ilustraba en su asistencia,
    Y con los nobles que honoran
    Esta Corte, felizmente
    Placenteros se divorcian
    Con la quietud, y el sueño, 135
    Y una máscara acomodan
    El silencio de una noche,
    Admirada por la copia
    De sus muchos caballeros,
    Por su invención ingeniosa. 140
    El Corregidor, y Conde
    De Montalvo la reforma,
    O la esfuerza en sus afectos,
    Convocándola a su costa,
    Luciendo en su ejecución 145
    El, y la Nobleza toda
    De esta villa y Regidores,
    La riqueza más pomposa,
    La grandeza más invicta,
    La franqueza más notoria 150
    Que pudo verse jamás
    En los progresos, o historias
    De no imitados ejemplos,
    Que los Anales prorrogan.
    Tan asistente el cuidado, 155
    Tan diligente en la obra,
    Tan activo en el desvelo,
    Tan desvelado en su propia
    Cuidadosa diligencia,
    Que parece que soborna 160
    Con desasosiego el gusto,
    Buscándole por la posta,
    Pues sólo en los ejercicios
    Se anima, y se desahoga
    Siendo a su celo gallardo 165
    La incomodidad, lisonja.
    Solicitó de la plaza
    Del Retiro, adorno y pompa,
    Con los nobles Comisarios,
    Que la Villa generosa 170
    Nombró, que fue don Francisco
    De Sardaneta y Mendoza,
    Claro como su apellido
    Que el hidalgo pecho adorna
    Con el lagarto, o espada 175
    De aquel Apóstol, que invocan
    Por su Patrón las Españas,
    Rayo a la canalla mora.
    El insigne Don Francisco
    Enríquez de Villacorta, 180
    Que el pecho ilustra también
    Con la misma insignia roja.
    Y don Bernardo de Salas,
    Que el título ejerce, y goza
    De Capitán de caballos, 185
    Y en su ejercicio convoca
    Gente para las facciones,
    Que a Francia y Flandes asombran.
    Brevemente se adornó
    La plaza, que mar en olas 190
    Solicitaron los Nobles
    Su disposición hermosa,
    y así a costa de la Villa,
    Que por Comisarios nombra,
    De cera, carros triunfales, 195
    Luces, faroles, antorchas
    A don Antonio Arauz,
    y a Claudio de Cos, que cobran
    En vítores sus desvelos.
    Este mismo acierto logran 200
    Don Pedro de Álava noble,
    y don Gonzalo, gloriosa
    Lisonja de los Pachecos,
    Que la señal vencedora
    De Santiago da a su pecho, 205
    y en breve tiempo sazonan
    Su arquitectura extremada,
    Para que en ella disponga
    El precepto a la obediencia
    Leyes, portento de Europa, 210
    Se miró como han cantado
    Al son de liras sonoras
    Canoros cisnes, ya en Verso,
    o ya en atentada Prosa
    Su disposición, y entre ellos 215
    Yo con rústica zampoña,
    Sin intentar competencias
    Por no hallar afrentosas
    Vitorias de Pan, y Marsias
    En mis ambiciones locas. 220
    La plaza vio en efeto
    Tan lucida, tan vistosa,
    Que pudo prestar al día
    La claridad de las sombras
    De una noche a cuyo horror 225
    Pidió celajes la Aurora,
    Arreboles el Oriente,
    Lumbre el Sol, porque revoca
    Los fulgores de la suya,
    Ya corrida, ya medrosa, 230
    Brujuleando melindres
    En los tapetes que borda
    Su manto de estrellas puras,
    Cediéndole en causa propia
    Astros, luceros, y rayos 235
    A la fábrica grandiosa
    De la plaza, cuyos muros
    De esplendores se coronan,
    De hermosuras se guarnecen,
    De perfeciones se adornan, 240
    De grandezas se enriquecen,
    Y de Majestades se honran.
    En la máscara siguió
    Al Corregidor la tropa
    Ilustre de Regidores, 245
    Don Francisco Villacorta,
    Enríquez, y don Jerónimo
    De Casanate, ambiciosas
    Presunciones de esta Villa,
    De Sardeneta y Mendoza 250
    Don Francisco, y de Baldes
    Don Gaspar, y en numerosa
    Copia, Claudio de Cos, Sierra,
    Montenegro, Ordóñez, Porras,
    Testa, Castillo, y Luzón, 255
    Don Francisco, en quien recobra
    El renombre de Guzmán
    Más insigne ejecutoria
    Por las excelencias suyas.
    Sin esta cuadrilla, toma 260
    Otra el Marqués de Cusano
    De esta Villa insigne, toda
    Regidores, donde el pobre
    Halla protección piadosa,
    Carmenate, Ortega, Alastra, 265
    Medina, Monroy, y en copia
    Villarroel, Salas, Romero,
    Cortizos, y Alava heroica,
    Emulación de los nueve
    Por su fama ilustre y sola, 270
    y más don Pedro Martínez,
    Que de Secretario goza
    Del Rey, y el Ayuntamiento
    Las preeminencias notorias
    Por méritos, y nobleza, 275
    y el Pacheco, que enarbola
    Roja bandera en su pecho
    De nuestra Fe insignia propia.
    Aquella grandiosa noche
    Lució esta escuadra grandiosa 280
    De Nobles, dando a sus frentes
    De oliva, y laurel coronas.
    No repito sus acciones
    Bizarras y generosas,
    Por no alargar el informe, 285
    Haciendo que se conozca
    Caudal pobre en la materia,
    Estilo bajo en la forma,
    Mucha ignorancia en mis versos,
    y en mi Musa ciencia poca. 290
    Los gastos, las bizarrías
    De esta Villa, las costosas
    Invenciones, fiestas, toros,
    Galas, lucimientos, joyas,
    Que sacaron, que expendieron, 295
    Pudieron hacer dudosas
    Al crédito las verdades,
    Aun cuando más interpongan
    A la creencia los ojos,
    Las experiencias notorias 300
    Que en tan alto objeto arguyen
    Objeciones rigurosas,
    Bien absueltas en su acierto,
    Que se anima, y se sazona
    A más gasto, a mayor gusto, 305
    Repartiendo el tiempo en horas,
    Para ocuparlo en festines,
    Para emplearlo en dichosas
    Novedades, invenciones
    Donde apacibles se logran, 310
    Desmentidas en los gustos
    Del cansancio las congojas.
    Domingo, el Protonotario
    De Aragón, cuya persona
    Benemérita en los actos 315
    De más fuerza, y mayor honra,
    Consejos de Estado, y Guerra
    Muestra con expertas obras,
    Que de fiel ministro el cielo
    En su valor acrisola 320
    Su entendimiento y virtud,
    Del alma excelencias propias,
    Inventó de los festejos
    El mayor porque dispongan
    Imitándole ambiciosos 325
    Los demás en las tramoyas
    De máscaras y festines,
    Entretenidas, gustosas
    Mojigangas, y en la suya
    Su ingenio y su gusto sazona, 330
    El plato más bien guisado.
    Don Pedro del Valle toma
    Otra a su cargo también.
    Don Fernando Ruiz otra
    De Contreras, y con ellos 335
    La cuarta Pedro Coloma,
    Todos grandes caballeros,
    En cuyos ánimos logran
    Vanidades esta Villa,
    Felicidades Europa. 340
    El Lunes el de Montalvo,
    Por su cuenta, y a su costa
    Jugó cañas, y alcancías
    Con una escuadra famosa
    De Títulos, y Señores. 345
    El martes postrero, copia
    O retrata en cuatro carros
    De juego, ruido, y chacota,
    Novedad, fiesta, invención,
    La variedad más hermosa, 350
    La confusión más quieta,
    La inquietud que más deroga
    De la cordura las leyes,
    Que a la razón se remontan,
    y portentoso edificio 355
    De fuego erigió una troya,
    La invención, cuyas murallas
    La fábrica ruidosa
    Del Paladión encierran,
    Que de cometas se forma, 360
    De exhalaciones se viste,
    y rayos ardientes forja
    En estruendos admirables,
    En máquinas ingeniosas,
    Por quien Vulcano desmiente 365
    Cuantas su fragua acrisola,
    Cuyo gasto, si por grande
    Número sin él importa,
    Fue al ánimo de don Juan
    De Castilla empresa corta. 370
    Los de la Villa Escribanos,
    Con máscaras, y pandorgas,
    Motes, invenciones, cifras,
    A nuevo gusto provocan
    Veinte carros diferentes 375
    De varias, y de costosas
    Invenciones fabricados,
    Que de naciones remotas,
    Trajes, y galas retratan,
    Gitanas, Indias, y Moras, 380
    y de animales diversos
    En bien imitadas formas,
    La monstruosa apariencia,
    Cuyas fierezas ignotas
    Vivas parece que el Arte 385
    En los carros aprisiona.
    Testa en un carro sacó
    A su costa la bambolla
    De una Pandorga diversa,
    Con que a Madrid alborota. 390
    Camenate y Sierra juntos
    Diferente rumbo toman
    De novedad, y con gala
    De portuguesada folla.
    Sacaron los foliones, 395
    Baile, y música sonora.
    A! son de instrumentos varios,
    Vihuelas, arpas, tiorbas,
    A! uso de Portugal
    Seis caballeros con botas, 400
    Sobre enjaezados caballos,
    Que ligeros fuego arrojan
    Por el aliento, y gallardos
    Desde la clin a la cola,
    Con chapeos, y violines 405
    Danzan briosos, con otras
    Tantas Damas Portuguesas,
    Con mantellinas y tocas
    A danza, e portuguesada
    De à Forneira buliçosa, 410
    Que à pancadas con a paa
    De su forno faz que morran,
    No chaom os vilaons ruins
    Da canala antaon traidora
    De Castela, y folijando 415
    Con gala majestuosa
    Delante de la mayor
    Majestad que el Orbe adora.
    En los límites de humana
    Las alabanzas acortan, 420
    Las admiraciones crecen,
    Las aclamaciones doblan.
    Todas fueron invenciones
    De novedades grandiosas,
    Todas fiestas, y alegrías, 425
    Todas gracias, burlas todas:
    Los famosos regocijos
    De Valencia, y Barcelona,
    Los pasatiempos alegres
    En que disfraza y transforma, 430
    Ya Nobles o ya Plebeyos,
    En Madrid con mayor sobra
    De regocijo y festejo
    De variedades gustosas,
    En estas Carnestolendas 435
    Nobles y plebeyos gozan,
    Fue admiración a los tiempos,
    Fue de nuestra edad lisonja,
    Tan nunca vista grandeza,
    Tan no imaginada pompa, 440
    Fiesta al fin al gran decoro
    Del Rey Poderoso, que orla
    Sus escudos con dos mundos,
    Sus timbres con mil corona.
    Y de la más leal Villa, 445
    Más ilustre, más famosa,
    Que desde la ardiente esfera,
    Sobre luciente carroza
    Alumbra el fanal más bello,
    El mayor Planeta dora, 450
    Grandiosa Cairo del mundo,
    Soberana Babilonia,
    Cuyas confusiones dulces
    Con el gusto se interpolan,
    De quien cuanto más se diga, 455
    Por prodigio más se ignora,
    Por milagro más se esconde,
    Por asombro más se nota:
    La que tiene en campo azul
    Siete estrellas, y una roja 460
    Corona de oro, que encima
    Las comprehende, y adorna
    Un oso en campo de plata,
    Que la verdura despoja
    A un árbol, todas enigmas, 465
    Que sus grandezas denotan,
    Pues cielo se viste estrellas,
    Reina se pone corona,
    Y osada a todo imposible,
    Es fuerte, y bizarra osa, 470
    Que emprende robar las Ciencias
    De colmena artificiosa,
    A quien república alada
    Labró arquitectura angosta,
    Hallando su estudio en ella 475
    Sacro néctar, dulce ambrosía:
    La que en el ánimo excelso
    De estas acciones gloriosas
    Dio motivos a la fama,
    Asuntos a las historias, 480
    Admiraciones al tiempo,
    Emulaciones a Europa,
    A los estudios desvelo,
    Al odio alabanzas propias,
    Atenciones al cuidado, 485
    A la adulación lisonjas,
    A los Cortesanos gusto,
    A las ambiciones gloria,
    A los Poetas materia,
    A heroicos discursos forma, 490
    Aclamación al olvido,
    Duración a la memoria,
    Que en lo futuro eternice
    Las hazañas valerosas
    De los ánimos valientes 495
    De los Héroes que la honran,
    Hijos valerosos suyos,
    Que en tan abundante copia
    Belicosos los engendra,
    Prodigiosos los aborta. 500
    Oh sirvante Villa insigne
    Tantas excelencias propias,
    Tantas ilustres grandezas,
    Tantas virtudes heroicas,
    Tantas preeminencias altas, 505
    De Diademas, de Coronas
    Que tus alabanzas suban
    A la región más remota.
    El Noble Corregidor,
    En cuyo gobierno gozas 510
    Los aplausos del cuidado
    Que jamás envidias borran,
    Que jamás odios deslucen,
    Que olvidos jamás destroncan:
    Cuya sola invicta fama, 515
    Liberal;· franca, grandiosa;
    Por lo activo y generoso
    Hoy la de Alejandro estorba,
    El que expendió manirroto
    En la facción generosa 520
    De estas fiestas tanta suma
    Que los créditos acortan
    Del número las larguezas,
    Porque al contados, se agotan
    Cuantos guarismos encierra 525
    La aritmética de Moya
    En multiplicados ceros,
    Goce largos años contra
    El veneno de la envidia,
    Y el odio de la ponzoña, 530
    Felicidades y dichas,
    Que jamás se descompongan,
    En las mudanzas, o engaños,
    Cierzos que dichas malogran.
    Premio su mérito alcance, 535
    Pues la fama le coloca
    Entre los famosos, si
    Méritos se galardonan.
    Crezcan Nobles regidores
    Las acciones milagrosas 540
    De vuestros acierto. Vaya
    Vuestro valor viento en popa,
    La eternidad les erija
    Culto en las aras devotas
    De su templo a vuestros nombres, 545
    Porque al olvido se opongan
    Vuestro afecto eternizando,
    Fénix de sus mismas obras,
    Y en las noticias del tiempo
    Víctores y laureolas 550
    Le repitan las edades

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